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«El Debate Electoral». Debatir ¿Sí o No? Esa es la cuestión… Por Eduardo Guerra

“¡No te rías de la tontería de los demás!

Puede representar una oportunidad para ti.”

Winston Churchill (1.874 – 1.965)

Una máxima del marketing político dice, que la mejor manera para saber cuál candidato está en lo alto de la tabla de preferencia del electorado, es cuando vemos que candidato pide debatir y quién se rehúsa. Los debates electorales son, una oportunidad inmejorable que tienen los votantes para conocer, directamente, a los candidatos y a sus propuestas. Solos y sin sus asesores. Los debates son el clímax de las campañas electorales.

Ahora bien, siendo tan importante los debates ¿Por qué es uno de los temas que más preocupan a los candidatos y sus equipos? Posiblemente porque a lo largo de los años se han creado varios mitos. Casi siempre los candidatos que van abajo en las encuestas, quieren debatir con urgencia porque creen ingenuamente, que un buen desempeño en el debate los catapultará al primer lugar de las preferencias.                  Por el contrario, quien encabeza las preferencias o cree que las encabeza, se niega a debatir porque considera que una mala tarde o noche, lo puede llevar a perder lo ganado. Es bien conocida la frase “El que va ganando no le presta su cartel al que va perdiendo”

Generalmente, cuando se trata el tema, se escuchan argumentos que la mayoría de las veces no tienen ningún sustento para validar porqué sí, o porqué no, se debe debatir. Trataremos de ubicar el debate en su justa medida, tomando en consideración algunos factores antes de tomar la decisión de debatir o no.

-Difícilmente se puede aseverar que un debate puede decidir una elección. Existen muchos ejemplos en los que el ganador del debate fue el perdedor de la elección y viceversa.

-Aunque la mayoría de las veces los debates alcanzan buenos ratings, la verdad es que la mayoría de los votantes no suspenden sus actividades cotidianas o dejan de ver sus programas favoritos por ver cómo los candidatos intentan malograse verbalmente, de tal manera que el efecto que tienen en el electorado es relativo.

-Cada radio-oyente o televidente que sigue el debate, lo hace desde el filtro de su óptica política, es esa preferencia electoral que ya tiene, por lo que, siempre verá a su candidato como ganador; y aun en el extremo que admita que el otro candidato tuvo un mejor desempeño, igualmente seguirá creyendo que el suyo lo hará mejor en el futuro. En todo caso, los debates quizás no logren cambiar la intención de voto del elector parcializado, pero sí que podrían hacer decidirse al votante indeciso, por el candidato ganador.

-El efecto emocional que puede generar el debate, cuando alguno de los candidatos ha tenido una excelente actuación que le hizo ganar unos puntos, o por el contrario, cuando tuvo un pésimo desempeño que le hizo perderlos, ese efecto, es casi siempre pasajero; de tal manera que si el debate se hace muy lejos de la fecha del día de las votaciones, el efecto (bueno o malo) no pesa de manera importante. Por esta razón algunos candidatos rehúyen debatir cerca del día de las votaciones.

-El resultado final de cualquier debate, dependerá mucho de la preparación previa del candidato. Es de suponer que aquel candidato que disponga de un buen equipo de asesores profesionales, que lo prepare en los gabinetes de sombra, y que lo entrene para que no se salga de su guion, estará siempre en ventaja sobre aquel candidato que no se prepare. Así, que si el candidato está por encima o por debajo del oponente, no determina tanto, como el estar bien preparado.

Y a todas estas, ¿Son los debates electorales una moda del siglo XXI?  Pues no…

Hagamos un breve resumen, solo, con los debates más destacados:

Desde los Estados Unidos es de donde nos viene la mayoría de las acciones electorales a considerar.

a)     El primer debate transmitido por radio fue en 1.948, entre Dewey y Stassen por la candidatura Republicana.

b)     El primer debate transmitido por televisión fue 1.956, entre Stevenson y Kefauver por la candidatura Demócrata.

c)      En 1.960 se recuerdan los más famosos debates de Nixon y Kennedy, el primero por radio que ganó Nixon y el segundo por TV, que ganó Kennedy.

d)     Entre Reagan y Carter, en el que Reagan cuestionó a su audiencia y trató de ignorar a Carter.

e)     Destacan también los debates entre Clinton, Bush y Perot, en el que Bush fue captado impaciente, viendo su reloj; y el debate de Gore y Bush, en el que el Demócrata interrumpía, con gemidos desesperados, las intervenciones del Presidente Candidato. En todos estos casos, quien tuvo una mala actuación en los debates, perdió la elección.

f)      Los tres debates de Barack Obama y Mitt Romney en 2.012, donde Obama ganó claramente los tres.

En la historia política más reciente de España:

a)     De los primeros debates de la democracia recordaremos el debate entre Narcis Serra (PSOE) y Miquel Roca (CIU), en 1.989.

b)     El realizado entre Pascual Maragal (PSC) y Josep María Cullel, en las elecciones municipales de 1.991.

c)      Los dos debates televisados entre Felipe González y José María Aznar, en 1.993.

d)     Los dos debates entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy en 2.008, que fueron televisados por casi todos los principales canales de TV, públicos y privados, en horario Prime Time, y que fueron moderados por Manuel del Campo Vidal y Olga Viza, respectivamente.

e)     También en 2.008 el debate entre Pedro Solbes (PSOE) y Manuel Pizarro (PP) como principales figuras en materia económica, y el mismo año el debate entre Manuel Chaves (PSOE), Javier Arenas (PP), Diego Valderas (IU) y Julián Álvarez (CA)

f)      El debate entre Rubalcaba y Rajoy en 2.011, en el que ambos cometieron errores, aunque Rubalcaba más, donde inclusive llamó Presidente a Rajoy.

g)     Más reciente, el protagonizado por Elena Valenciano (PSOE) y Arias Cañete (PP) para las elecciones europeas 2.014, que casi le cuestan las elecciones al candidato del PP por su “desliz machista”.

Finalmente, me atrevería a decir que los debates son necesarios para la democracia, y que deberían ser obligatorios por ley. Estos estimulan la participación del electorado.

En este momento histórico de la política española, en donde la desafección del votante está en su más alto nivel, creo que los partidos políticos tendrían que exigirles a todos sus candidatos, que para las elecciones del año 2.015, se enfrenten en debates plurilaterales, abiertos. Primero, en las elecciones primarias de sus formaciones políticas, y segundo, entre los distintos candidatos de los partidos políticos que surjan como posibles ganadores.  No estaría bien que algunos candidatos que se sienten ganadores, se sigan refugiando en falsos argumentos para proteger su ventaja en las encuestas.

Si creemos en la construcción histórica de unas elecciones transparentes, uno de los pasos es la promoción de los debates electorales.

¿Se imaginan Ustedes ver a los candidatos a alcalde de sus municipios, debatiendo en los medios de comunicación locales sobre los asuntos de su barrio? ¿Cómo sería ver a los tres a cuatro candidatos de su Cabildo o de su Gobierno Regional debatiendo en las televisoras autonómicas y en las teles y radios locales? ¿No sería emocionante ver a Mariano Rajoy, a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias, debatir por la Presidencia del Gobierno de España?

El tema del debate electoral da para muchos folios, que seguramente trataremos en próximos artículos. ¿Quién decide el cuándo y dónde se harán los debates? ¿Los medios privados o los medios públicos? ¿Cuántos tipos de debates existen? ¿Han sido los debates recientes en España muy encorsetados? ¿Practicaremos en las próximas elecciones un debate tipo 2.0, en el que Twitter sea la herramienta para que los electores puedan preguntar y proponer los temas a debatir a los candidatos?

En definitiva, los debates son parte del camino para tener más y mejor democracia.

Eduardo Guerra B. Analista político y representante en España de la empresa Estudios y Organización Eugenio Escuela.

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