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M. A. West sale del armario. Por Eduardo García Rojas

Hace tiempo comentamos en este mismo su blog la novela El viento y la sangre, de M. A. West, un escritor norteamericano que en los años treinta hinchaba su paga de profesor universitario como escritor de novelas policíacas baratas que, descubro ahora sorprendido, nunca existió.

Es decir, que M. A. West fue un invento, un fantasma que tras su esquiva biografía y novela escondía agazapado a Alexis Ravelo, quien hasta ese momento había guardado celosamente el secreto mientras en revistas especializadas y blogs como éste mismo celebrábamos el descubrimiento y rescate del señor West y exigíamos más traducciones de las historias que, presuntamente, había dedicado al bronco torpedo Rudy Bambridge, mano derecha de un hampón de Chicago que se dedica a resolver casos empleando, al margen de la ley, las armas de su oficio.

Tras el desconcierto de conocer la verdadera identidad de West, hay que reconocer el  experimento narrativo de Ravelo. Un experimento ante el que hay que quitarse la boina porque El viento y la sangre sabe a pulp con todas sus letras.

P de popular

U de urdidor

L de laberinto

y  P de provocador.

Un relato deudor del mejor James Hadley Chase. Una serie B del género que tras destaparse ahora como farsa, no estafa, obligó a que llamara esta mañana a Ravelo para expresarle cariñosamente y a lo canario lo que ha supuesto conocer la verdad: cabrón, jediondo (con j sonora), que no das ni para dos cachetones…

¡Laja!

La inquietud de descubrir la verdad, que M. A. West al salir del armario es Alexis Ravelo, es aveirguar ahora si continuarán las historias protagonizadas por Bambridge.

Creo que Ravelo se lo debe a West.

Con esta novela que firma con pseudónimo y las que publica con su verdadero nombre –¿se llamará de verdad Alexis Ravelo?– el autor de La estrategia del pequinés confirma un hecho: conoce y maneja muy bien las claves de la edad dorada de la novela negra, que lo mismo adapta y le pone acento canario como lo disfraza de pulp clásico del género.

Y esto solo lo hace un escritor.

Así que con la de libros que tengo que leer, ahora llega Alexis y revela el secreto… Y temo que no hayan más historias de Bambridge. Quiero más, aunque ya no sea como la primera vez, cuando comencé a devorar aquellas páginas preguntándome cómo diablos se le había escapado ese nombre, M. A. West, a Javier Coma en su ya referente Diccionario de la novela negra norteamericana (Anagrama).

Puto genio…

Saludos, es lo que hay, desde este lado del ordenador.

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