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¿Loulou? Oui, c’est moi. Por Armando Pinedo

Con ella el término icono queda obsoleto porque Loulou de la Falaise era mucho más que todo lo que ese adjetivo supone ya que jamás tuvo la pretensión de serlo. Un nuevo libro sobre su influencia en la historia de la moda hace justicia sobre una de las grandes amigas (y musas) de Yves Saint Laurent.

 

Siempre me fascinaron varios aspectos de ella, sobre todo, desde que un día me la cruzara por París vestida de rojo y naranja, algo banal si no fuera porque aquella mañana diluviaba en la gris y lánguida capital francesa. Alta, delgada, con aire de despistada y con uno de esos rostros que enseguida se descubren inteligentes y talentosos. Loulou de la Falaise, que murió en 2011 con unos espléndidos 64 años, era una de esas amigas que todos querríamos tener y de la que solo el diseñador Yves Saint Laurent disfrutó cuando la llamaba de madrugada con ataques de ansiedad, envuelto en litros de alcohol y montañas de cocaína. Entonces ella cruzaba Paris en un taxi para ir a consolarle hasta el amanecer. Se convirtió en su musa, en colaboradora de su colección de joyas y en su hermana de emociones y sentimientos.

Portada del nuevo libro de Loulou de la Falaise.
Fuente: D.R.

Su influencia en la historia de la moda es más que notable, como ahora pone de manifiesto un libro que se acaba de presentar sobre su vida, firmado por Ariel de Ravenel y Natasha Fraser-Cavassoni, dónde se recorre su carrera como modelo para Halston y su traslado a París para trabajar como diseñadora durante más de 30 años, convirtiendo su estilo en paradigma de un bohemian chic, término tan utilizado hoy en revistas de moda para incidir en una forma de ser y actuar muy alejada de lo que De la Falaise supo interpretar.

Al repasar su biografía, se percibe inmediatamente que desde muy temprana edad ya se auguraba que el futuro profesional de esta hija de aristócratas y artistas no sería ni de lejos convencional. Su infancia transcurrió en el ambiente bohemio e intelectual de su familia: su madre era musa de la diseñadora Schiaparelli; su abuelo materno, Sir Oswald Birley, era el pintor favorito de la reina Mary y su tío Mark Birley, el propietario de la discoteca Annabel’s, donde se mezclaba la alta sociedad con los canallas noctámbulos del Londres de la época. Su carrera comenzó en la redacción de la revista Harper’s Bazaar, donde conoció al fotógrafo Robert Mapplethorpe y a Andy Warhol. Por sugerencia de ambos, se convierte en modelo y posa para grandes como Richard Avedon o Helmut Newton. En 1968, y recién divorciada de su primer marido, el aristócrata irlandés Desmond Fitzgerald, con el que no soportó la vida aburrida de su castillo gótico al norte de Irlanda, conoce a Yves Saint Laurent. Desde entonces, uno y otro se convirtieron en imprescindibles hasta que en 1972 Loulou de la Falaise acepta la propuesta de Saint Laurent que le encarga la dirección de su departamento de accesorios. En 1977 se casa con Thadée Klossowski, hijo del pintor Balthus, y se convierten en la pareja más chic de París, símbolo de la fantasía parisina de los 70, escenificando la vida glamurosa, artista, elegante y excesiva de la década. Pero la carrera de Loulou de la Falaise da un giro cuando Saint Laurent anuncia su retirada. Es entonces cuando decide lanzar su propia marca y abre una pequeña tienda en la célebre Rue Cambon de París, donde exhibe y vende joyas, accesorios y ropa. Sin embargo, por los caprichos de las tendencias o del destino, su nombre parece desvanecerse en los círculos de la moda y poco o nada se habla de su empresa, su tienda y su carrera como diseñadora con nombre propio. Pero la historia parece repetirse cuando su gran amigo Oscar de la Renta la llama un día y le ofrece que colabore con él en la creación de su nueva línea de joyas que rápidamente se convierte es un éxito de crítica y ventas, y cuya presentación coincide con la apertura de la primera tienda de De la Renta en España.

A raíz de esta colaboración la pude entrevistar, aunque no personalmente por problemas de agenda, así que intercambiamos algunos correos electrónicos para una charla que ahora reproduzco a continuación y en la que reconoce su lealtad imperecedera a Saint Laurent y su amor por el talento y la creación.

Loulou de la Falaise con Yves Saint Laurent.  Fuente: D.R.

Loulou de la Falaise junto a Yves Saint Laurent. 
Fuente: D.R.

Al repasar su trayectoria, uno es testigo de los momentos tan peculiares y singulares que marcaron sus comienzos. Si mira atrás y repasa aquellos episodios, ¿en qué piensa?

Conocí a Ossie Clark cuando tenía 18 años en el Swinging London de los años 60 por lo que tengo muy buenos recuerdos de aquella maravillosa época despreocupada. Vivíamos en fiestas maravillosas, rodeados de artistas pop, hippies, aquel movimiento que se llamó Flower Power… 

Y Sain Laurent… Hace poco fue la subasta de algunas de las piezas más íntimas y queridas de su buen amigo. ¿Qué recuerda de aquellos momentos juntos al señor Saint Laurent? 

Recuerdo las risas y lo bien que lo pasábamos en las  fiestas en su casa de la rue Babylone, en Paris. Eran mágicas, llenas de tesoros y de belleza. Recuerdo igualmente los almuerzos al sol en su frondoso jardín, repleto de maravillosas esculturas y las sillas con forma de paloma de mármol de Claude Lalanne. Otros momentos especiales eran cuando nos encontrábamos en su biblioteca blanca, para trabajar y elegir tejidos, siempre nos acompañaba Moujik, su bulldog que saltaba encima de las piezas de arte

Ha conocido a gente muy brillante, con mucho talento y con una gran fuerza en el mundo de la moda. ¿En qué aspectos influyen hoy en su trabajo? 

Uno se empapa de talento si lo admira, pero el amor y los buenos recuerdos también añaden charme y profundidad al trabajo.

Por sus venas corre sangre inglesa y francesa. ¿Se considera una ciudadana del mundo?

Totalmente. 

Fuente: D.R.

Fuente: D.R.

Hoy que dirige su propio negocio, ¿se podría afirmar que ha alcanzado todas las metas que se marcó en su juventud?

¡Oh, no! ¡Todavía no!… Me puse objetivos muy complicados… 

¿Alguna vez se ha preguntado qué habría sido de su vida si no se hubiese cruzado con Yves Saint Laurent? 

He intentado imaginármelo, pero me resulta más y más complicado con el paso de tiempo. 

En el pasado trabajó como modelo para grandes marcas. Eso implica ser muy sumisa con los deseos ajenos, algo que no parece muy identificable con su forma de ser. ¿Diría que ha vivido bajo sus propias reglas? 

Nunca fui una modelo profesional… Nací en el mundo de la moda porque mi madre Maxime trabajó con Schiaparelli a finales de los años 40 y principios de los 50, y posteriormente fue profesora del Fashion Institute of Technology, en Nueva York. Además, muchos de mis amigos trabajaban en moda. Con respecto a las reglas, realmente no tengo ni idea de lo que son. 

Cuando el señor Saint Laurent le propuso diseñar las joyas para su firma, ¿sintió miedo por la responsabilidad que ello suponía?

¡Estaba aterrorizada! Me sentía capaz, pero no segura de que le fuera a gustar lo que hacía.

Usted es considerada como una de las mujeres más elegantes del mundo.  ¿Qué es elegancia? 

Creo que la elegancia es sentirse cómodo y natural, incluso llevando el vestido más lujoso y elaborado.

Es obvio que la moda ha cambiado y que hoy todo es más comercial, mandan los números y no se mira tanto la exquisitez ni la sofisticación de las creaciones. ¿Siente añoranza del pasado? 

No soy de esas personas que mira al pasado. Las cosas cambian todo el tiempo y mantenerse requiere de mucha energía, pero ciertamente no lloro sobre el pasado 

Después de todos estos año en esta industria, ¿qué le interesa y qué la mantiene activa? 

Es parte de mi vida y me divierto trabajando. Estoy agradecida a la moda por mantenerme centrada tantos años. 

¿Alguna vez siente o ha sentido la necesidad de tomarse un descanso en su carrera? 

Me encantaría viajar durante meses pero la moda es exige estar todo el tiempo alerta, y éso me obliga a mantenerme siempre corriendo.

Asumo que le señor Saint Laurent ha sido una gran influencia en su vida, pero hoy en día ¿hacia quién siente más gratitud?

Mi corazón siempre pertenecerá a Yves. 

En 2007 comienza una colaboración con Oscar de la Renta. Esta colección ha sido calificada de “más delicada y menos barroca”. ¿Está de acuerdo? 

Cuando trabajaba con Yves era prácticamente contra reloj. Además, era una persona complicada con la que tenía una relación muy intima. Para Oscar de la Renta, gran amigo desde hace muchos años, sólo hago joyería, lo cual me aporta mucha satisfacción, y lo que hacemos es obviamente muy diferente, más suave… 

¿Qué la atrapó de la oferta de Oscar de la Renta?

Cuando me llamó me sentí encantada de nuevo ante la idea de diseñar joyería para una marca de moda y costura, además para un amigo al que admiro. 

¿Alguna vez ha sentido miedo a que su creatividad se vea mermada? 

Si, quedarme en blanco realmente asusta.

Fuente: D.R.

Fuente: D.R.

¿Qué piensa de la joyería minimalista? 

El minimalismo no es lo mío. 

¿Y tiene algún consejo para aquellas que, al igual que usted, no sean partidarias del minimalismo? 

Si usan joyas grandes y recargadas, deberían llevar zapatos y bolsos de colores, collares y anillos brillantes, pañuelos y muchos aros.

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