FIRMAS Marisol Ayala

Lanzarote y el coraje de Julia. Por Marisol Ayala

El turista elige un destino que está de moda; Lanzarote, un paraíso. No es casual que en la isla el número de visitantes se haya multiplicado por 300 en las últimas dos décadas. Ese turista eufórico y rendido a los paisajes que descubre tampoco sabe que cuando la recorra estará recorriendo una tierra marcada por la corrupción. Incluso que el hotel donde se aloja podría ser ilegal o que se han creado 13.200 plazas turísticas más de lo que permite la ley. Pero no sólo hoteles. En Lanzarote, donde el manto de la impunidad se instaló hace años, se han levantado más de 800 construcciones ilegales con la complicidad de políticos, empresarios y funcionarios. Saldo final: hay casi 200 imputados, es la isla con más imputados por metro cuadrado.

Más. Hace unos meses la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía Nacional hizo público que investigó a Pedro de Armas, fundador del Partido Nacionalista de Lanzarote. Le localizó 112 fincas (una de 13.000 hectáreas en Argentina), 9 barcos y 66 cuentas corrientes, además de donaciones millonarias a sus hijos y cobros de cientos de miles de euros en operaciones urbanísticas. Cómo será la corrupción en Lanzarote que se estudia en la universidad. Varios catedráticos la han puesto como ejemplo para ilustrar el trabajo ‘La corrupción en el paraíso’, proyecto del Plan Nacional de Investigación. Pero no pasa nada.

Julia Martín delante de su casa. Detrás, un hotel

Julia Martín delante de su casa. 
Detrás, un hotel

Hay zonas de Lanzarote en las que puedes pasar la tarde observando complejos fantasmas, dúplex abandonados a merced de los que aprovechan la noche y con un camión desvalijan las viviendas. No dejan nada. Sanitarios, puertas, ventanas. Todo.

Por ello en ese mar de corrupciones la resistencia de Julia, 80 años, me resulta admirable. Una isla en el desierto. La conocí hace tres años y me contó que en 1962 su marido compró una casucha en la orilla de Playa Blanca donde crió a sus 11 hijos. Nadie se interesó por su modesta casa pero en 1997 se puso en marcha un plan para “explotar” la zona y empezaron sus males. Ella, que no sabe leer ni escribir, recibió decenas de ofertas para que se largara por las buenas y dejara edificar pero su resistencia ha sido recompensada y hoy la vivienda se alza provocadora en medio de inmensos hoteles. Hace doce años le ofrecieron una mínima parte del valor del terreno y también la rechazó.

Lo recuerda y le sonríen los ojos.

(Pinchando AQUÍ, pueden leer el reportaje que publiqué en junio del 2011 sobre Julia Martín)

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