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ENTREVISTA. Adelia de Miguel Negredo, Catedrática de Psicología: “Es preciso una legislación y una fiscalía específica para el maltrato de ancianos en España”

Elblogoferoz/Dolores Hernández/Foto: cedida.- Para la profesora e investigadora Adelia de Miguel Negredo, ¿cuáles han sido las principales innovaciones académicas producidas en la Facultad de Psicología de la ULL?

“Son dos las innovaciones más transcendentes. Por una parte, la consolidación como Facultad en 1990, independiente de la Facultad de Filosofía y Letras donde se habían iniciado los estudios de Psicología  en 1973. Y en segundo lugar, la creación de la diplomatura de Logopedia en 1992. A lo largo de los 40 años de su historia  se han puesto en marcha diferentes planes de estudio en ambas carreras de acuerdo con los planes nacionales, y actualmente está en vigencia el plan nacional de Bolonia. Además,  se han puesto en marcha 10 laboratorios de investigación e intervención, siendo el de mayor relevancia investigadora actualmente el laboratorio NEUROCOG, dirigido por el Dr. Manuel de Vega. Volviendo al plan de Bolonia, se han potenciado las prácticas externas para el alumnado que ya estaban instauradas en el plan de estudios anterior. Y finalmente, al igual que en el resto de las facultades de la Universidad de La Laguna y a nivel estatal, el alumnado debe realizar un trabajo de fin de grado, poniendo de manifiesto las bondades y debilidades del plan de estudios  en los resultados mostrados por los alumnos en sus trabajos”.

– En los años noventa, usted emprendió sus investigaciones con su tesis doctoral “Habilidades interpersonales en ancianos y su promoción”. ¿Por qué la rama de psicología evolutiva, y dentro de ésta, la disciplina de la psicogeriatría se convirtieron en los pilares de su actividad investigadora?

“Mi interés en la población anciana comenzó mientras estudiaba la asignatura de Psicología Evolutiva en tercer curso de licenciatura, impartida por el Dr. Esteban Torres. Por aquel entonces, año 1983, todavía se utilizaba la palabra “anciano” para referirse al último tramo del ciclo vital, sin que se le asignara un contenido negativo. Posteriormente, en quinto curso, ya tenía el gusanillo de la investigación en el cuerpo y el Ministerio de Educación me concedió una beca de colaboración para trabajar con el Dr. Vicente Pelechano, con quien comencé la memoria de licenciatura, o tesina. El Dr. Pelechano estaba fraguando, por aquel entonces, un proyecto de investigación sobre habilidades interpersonales. Dos profesores ya se estaban encargando de trabajar este componente de la personalidad en adolescentes y adultos (los ahora Dres. Patricia Jolí y  Juan M. Bethencourt, respectivamente). Conmigo se rastreaba todo el ciclo vital al encargarme yo de los ancianos. Por lo tanto, la psicología evolutiva puso la semilla y la psicología de la personalidad fue el terreno y el abono. Por otra parte, mis querencias psicológicas siempre han estado orientadas hacia el funcionamiento normal, más que al patológico. La gerontopsicología me ofrecía la oportunidad de estudiar el funcionamiento psicológico de las personas mayores de 65 años. Y conocer ese funcionamiento permitiría identificar los mitos sobre ese sector de la población, facilitando su estudio objetivo”.

– En el área del desarrollo psicosocial, usted enfocó uno de sus trabajos a evaluar la relación entre “La estructura de personalidad y los trastornos de personalidad” en dos amplias muestras de individuos (756 estudiantes y 561 adultos). Para el análisis conjunto se planteó una serie de objetivos mediante la formulación de cuatro bloques de hipótesis. ¿Qué determinó el examen de tales conjeturas?

“En primer lugar, se trataba de un trabajo pionero en España sobre la dimenionalización de los trastornos de personalidad. Los sistemas de clasificación internacional de enfermedades (DSM y CIE) consideran que los trastornos de personalidad son un patrón de rasgos inflexibles que provoca malestar  psicológico, social y personal al individuo que lo sufre y a las personas que le rodean. Se trata de una clasificación, de modo que hay que cumplir un número mínimo de criterios para poder ser diagnosticado un trastorno de la personalidad. La alternativa, a finales de los años 90, por parte de diferentes grupos de investigación internacionales, era estudiar los trastornos de personalidad, no como categorías, sino como dimensiones, un continuo, donde no siempre una puntuación alta indica una patología, sino que debe tenerse en cuenta qué dimensiones son y cómo se combinan para cada trastorno. El trabajo que usted menciona puso de manifiesto que la ansiedad es una característica común para todos los trastornos de personalidad, que la combinación de rasgos para cada trastorno es única pero los rasgos no son específicos de ningún trastorno de personalidad, que los criterios conductuales son manifestados por personas sin poder ser considerados como una patología, que jóvenes y adultos pueden presentar los mismos criterios y no ser posible en ambos casos un diagnóstico porque depende del contexto en que se producen”.

– Partiendo de la premisa de que “una de las principales características de los trastornos de personalidad es su contextualización socio-cultural”, usted plantea que ante la diversidad cultural de la España actual, fruto de la inmigración experimentada en las últimas décadas, “los psicólogos debemos estar preparados en los diferentes campos de actuación”. ¿Se han puesto en marcha programas de intervención sobre esta materia?

“No tengo noticia sobre esto. Sé que hay un gran interés en los trastornos de personalidad como patología, pero no desde la perspectiva de la dimensionalización, que he comentado más arriba. Además, abordar semejante estudio supondría actualmente romper muchos prejuicios sociales para los cuales no creo que la sociedad española esté receptiva. Los movimientos migratorios y la situación de crisis suponen tener que sacrificar estas intervenciones por lo políticamente correcto”.

– Ustedes han diseñado una serie de programas para promover estas habilidades interpersonales en ancianos, en los que se conjugan tanto técnicas de terapia conductual como de terapia cognitiva. ¿En base a qué criterios el gerontopsicólogo ejercita su intervención terapéutica psicológica?

“El gerontopsicólogo debe utilizar las técnicas y estrategias terapéuticas de la psicología adaptadas a las necesidades y características específicas de las personas mayores. El proceso de envejecimiento puede ser normal o patológico, es decir, manteniéndose el bienestar físico/personal/social que se va deteriorando  o con pérdidas/enfermedad/discapacidad que impide la satisfacción psicológica/física/social del individuo. Cada gerontopsicólogo utiliza unas u otras técnicas en función del paradigma u opción teórica que subyazca  a su actividad profesional. En general, tras la Asamblea Mundial del Envejecimiento, se busca, en Occidente, potenciar el envejecimiento activo, proporcionando más vida a los años de más que se viven”.

 

Para seguir leyendo:

http://www.canariascienciasyletras.com

 

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