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APROXIMACIÓN A LA HISTORIA MÁS PRÓXIMA. (II) Origen volcánico o africano continental. Por Miguel Leal Cruz

No obstante, a tenor de lo expuesto en artículo precedente, sí se ha de considerar desde el punto de vista poblacional remoto, el hecho de la presencia desoladora del próximo Sahara que obligaría a los pueblos asentados en sus orillas a procurar la llegada a las verdes islas situadas frente a ellos y de esta forma consolidar un acercamiento que Morales Matos parece niega.

Son embargo, la fosa existente no es suficiente profunda para desvincular la supuesta prolongación geológica de la cordillera marroquí hasta estas Islas y su posible hundimiento durante el periodo de formación alpino del terciario, lugar donde ahora se pretende extracción de restos fósiles. Para el geógrafo alemán Wegener las islas debían considerarse fragmentos desprendidos de los bordes continentales, al modo de los témpanos árticos, teoría negada por otros que sólo consideran a Lanzarote y a Fuerte ventura como de claro origen africano.

Es el origen volcánico el que más adeptos tiene y la llamada teoría del “punto caliente” por la que las islas y cada una de ellas fue desplazada desde África hacia occidente junto con el fondo oceánico que las sustenta. De ahí que Lanzarote sea la más antigua en la formación geológica mientras El Hierro, la más occidental, la considerada de formación más reciente con datación de apenas un millón de años y claramente de génesis volcánica.

No obstante, a tan poca distancia geológica de la plataforma africana y de un macizo montañoso como el Atlas, es arriesgado afirmar por ahora que estas islas constituyen una independencia orográfica, en su formación originaria, de aquel continente.

La posición de nuestro geógrafo canario Alfonso Pérez en su Geografía Canaria, Edición Interinsular, 1983, es suficientemente explicativa. Considera este profesor universitario que las islas son grandes estructuras volcánicas – de lo que no hay duda –y formadas a su vez en las primeras fases de separación de los bloques continentales, es decir en las etapas iniciales de apertura del Océano Atlántico, hace unos 180 millones de años, a cuyo proceso siguió la intensa actividad volcánica muy posterior desde hace unos 30 millones de años, con resultado de las plataformas submarinas en íntima relación geológica con la placa africana continental próxima acabando por emerger y dando lugar a las islas que hoy existen.

Es igualmente significativo que el macizo de Las Cañadas con su pico Teide – de clara formación volcánica reciente –se halle en la misma línea y relativamente a poca distancia geográfica de los altos montes nevados del Gran Atlas marroquí, frente a Agadir, zona de actividad sísmica como ocurre en Canarias, y pretender que ambas formaciones no guarden relación geológica. Esta unidad geográfica no puede ponerse en duda hasta hoy. En lo que se refiere a vegetación, flora, y polinología estudiada en el desierto africano próximo, tampoco. La laurisilva de los montes canarios, en especial La Palma- Garafía, La Gomera- Garajonay, altos de Tenerife o Norte de Gran Canaria, en épocas relativamente recientes desde períodos de la Era del Terciario, es concomitante con la aún existente en las estribaciones de los montes marroquíes próximos en de la cordillera del Atlas y consecuencia del viento que produce el anticiclón de Azores: el alisio.

Desde otras perspectiva más mítica, jamás relacionaríamos en buena lógica geográfica la formación del Archipiélago canario con el hundimiento de la Atlántica que nos anuncia Platón, con poco fundamento real, toda vez que no se han localizado vestigios submarinos que lo prueben, a más de falta de alguna fórmula científica de datación arqueológica en cualquier lugar pétreo o fósil del litoral marino en Canarias, fuera de la influencia marina actual, hallaremos rocas con vestigios de vulcanismo explosivo relativamente reciente, o en las basálticas dataciones millonarias, quedando desvirtuada tal teoría platónica, y nunca mejor dicho.

La supuesta cultura que nos habla Platón no puede ser superior a cuatro cinco mil años y difícilmente pudieron ser testigos de aquel cataclismo. Se refiere seguramente a fuertes erupciones volcánicas acompañadas de fuertes terremotos a las que sí nos tiene acostumbrados la historia del vulcanismo antiguo y reciente en estas Islas, Teide, Garachico, Timanfaya, Chichero, San Juan, Teneguía, y que sí pudieron haber sepultado o realmente hundido el territorio de algún enclave poblado o emporio mercantil de estas mismas islas, (Platón se refiere tal vez a islas en el propio Mediterráneo), motivando la huida de los colonizadores hacia otros lugares, quedando presuntamente abandonados a su suerte los aborígenes o atlantes.

 

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