FIRMAS Salvador García

Retiradas. Por Salvador García Llanos

Las retiradas o los abandonos forman parte también de los tiempos más recientes de la política, esos en los que parece que va a haber una revolución, en los que surgen fenómenos sociales que anticipan nuevos modos de hacer y de operar, de desenvolverse. No se sabe muy bien lo que va a pasar: si quiebran esquemas convencionales o si se trata de emplear habilidades tacticistas para hacer que todo siga su curso. Ya saben: cambiar algo para que todo siga igual.

Entre tanto, figuras que deciden marcharse, bien porque han entendido que llegó la hora bien porque de verdad quieren dejar paso a generaciones más jóvenes. Durante muchos años han estado en primera línea de combate, han tenido responsabilidades públicas y orgánicas, ya sea en fase de gobierno de oposición, han resistido pruebas de todo tipo, han vivido casi todas las situaciones que en la cotidianeidad política pueden registrarse y han tratado de cumplir con los compromisos, los encargos o los mandatos que recibieron.

Ahora, cuando se marchan, pueden hacer -si quieren- balance de ese período en la cosa pública, de su paso por instituciones. No es que sirva de mucho pero igual ilustra las enseñanzas que recibirán los herederos.

En Las Palmas de Gran Canaria, por ejemplo, se ha marchado Nardy Barrios, con quien tuvimos oportunidad de compartir algunas tareas durante nuestra estancia en el Ayuntamiento, donde su formación política, Compromiso por Gran Canaria, estaba coligada con la mayoría corporativa del PSC-PSOE de Jerónimo Saavedra. Independientemente de la concepción populista de la política, nadie podrá negar a Barrios su dedicación y su entrega. Excelente conocedora de la geografía capitalina, siempre estaba allí, en el barrio que la reclamaba, en la asociación que la necesitaba, en el acto al que le convocaban. Nardy serpenteaba en la política local como pocos. La suya era una singular manera de desempeñar una concejalía, entre otras cosas porque iba muy en solitaria o con el apoyo de personas de confianza. Caprichosa, pero también tolerante. Y vehemente hasta donde tenía que serlo.

Y ha abandonado también Lorenzo Olarte Cullen, figura política de extenso currículum que ha cerrado con su estancia en el Centro Canario Nacionalista (CCN). Poco importa ya el disenso como causa de la salida, menos abrupta de lo que podía pensarse. Desde la Transición política, Olarte ha tenido un papel destacado, desde su presidencia en el Cabildo Insular hasta la del Gobierno de Canarias, cuando sucedió a Fernando Fernández (CDS), compañero de partido que se sometió a una cuestión de confianza en el Parlamento. Locuaz y con mucho arrojo político, Lorenzo Olarte no se arrugaba en la adversidad: su personalidad le permitió sortear no pocas coyunturas desfavorables y a pesar de innumerables vaivenes y paradojas, ha sido respetada. Valga como prueba que es de los pocos a los que se permite publicar artículos de opinión en los dos periódicos grancanarios.

Barrios y Olarte han dicho su respectivo adiós. Ya pueden empezar a ver los toros políticos desde más cómodas y placenteras barreras.

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