FIRMAS Salvador García

Obsesiones. Por Salvador García Llanos

Así como no hay antecedentes de que a un partido gubernamental le esté preocupando hasta límites obsesivos un movimiento social que ni siquiera ha cuajado aún en organización partidaria y, por tanto, ni siquiera nos acerca a la idea de una nueva política, en el escenario van sucediéndose elementos y situaciones que dan idea de sustanciosas transformaciones cuyo alcance es una de las grandes incógnitas al menos hasta que termine la década. De momento, hasta parece haber quedado aparcada la desafección y la repulsión hacia la política, factores que hasta hace dos meses escasos eran considerados como determinantes para reivindicar la participación en una consulta electoral y para minimizar los daños colaterales subsiguientes.

Lo del Partido Popular (PP) con Podemos y sus cabezas visibles, a la espera de lo que ocurra con un proceso constituyente de formación política que habrá de desenvolverse como las demás en sus legítimas aspiraciones, es de traca pese a que la finalidad se contrasta fácilmente: satanizar al fenómeno que encabeza Pablo Iglesias es aplicarse en la configuración intimidatoria de un enemigo peligroso, pernicioso y de incalculables males para el país, al que ya han adornado, por cierto, con ribetes patrióticos y eso que la selección nacional de fútbol quedó eliminada a las primeras de cambio en el pasado campeonato de Brasil. Es decir, casi un contubernio como el judeomasónico aquel tan recurrente. Es también hallar una salida o un atajo para desviarse de los males que siguen padeciendo amplios sectores sociales que no perciben la cacareada mejoría lanzada por los altavoces gubernamentales, aumentada con el manejo anticipado de las cifras de desempleo pero ajena al incremento, ya cercano al cien por cien, del Producto Interior Bruto de la deuda pública,  a la financiación de las comunidades autónomas, al as de la elección directa de alcaldes no prevista ni en programa electoral ni en la ley vigente -¡chúpate esa!- y a las secuelas de una insólita resolución del Tribunal Constitucional sobre el despido laboral y la negociación colectiva.

No importa. Hasta que llegue el verano amortiguador, se trata de insistir con mensajes del grueso calibre que frene cualquier atisbo de recuperación o conquista de espacios electorales. Al PP le interesa insistir en la peor y más endemoniada de las imágenes que pueda fabricar o proyectar de Podemos, a sabiendas de que esos apoyos sociales se los resta al PSOE, el rival directo, de modo que esa franja de ciudadanos descontentos y que no quieren depositar la confianza nuevamente en quienes han acreditado gobernar a base de incumplimientos y abusos de mayorías parlamentarias, no vuelva a posiciones electorales ‘centroprogresistas’.

De momento, ha sido el propio Iglesias el primero en reaccionar tratando de mantener encendida la llama que prendió la noche del pasado 25 de mayo: antes de que los conservadores sigan haciendo alarde propagandístico de los resultados de sus políticas y antes de que los socialistas, con nuevo líder y tal, se recuperen y sean capaces de invertir las tendencias políticas o lo que es igual, volver a ilusionar.

Pero, claro, los nuevos escenarios aún están por confeccionarse. Y por ahora, lo que hay son demasiadas obsesiones y muchas urgencias.

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