FIRMAS Marisol Ayala

El día que no tuvimos prisa. Por Marisol Ayala

Es una mujer joven, guapa y divertida. Rubia y cantarina, amiga de sacarle lo mejor a la vida. Es una amistad de entrar y salir, llamadas esporádicas, encuentros en lugares comunes de amigos comunes, abrazos y risas. Como casi todas las amistades de ese perfil nunca profundizas en un conocimiento porque intuyes que la relación juega el papel que juega en ese entrar y salir. Cada cosa tiene su lugar. Hace tres o cuatro años nos vimos en la calle y en ese breve diálogo, apresurado, cordial, le escuché concluir: “Te dejo, que llevo a mi hijo a diálisis”. Cruzamos dos o tres palabras más y dimos por finalizada la charla no sin antes interesarme apresuradamente por la salud del chico. No la había vuelto a ver y habían pasado unos años. De vez en cuando las redes nos permite saludarnos pero también de manera apresurada. Deprisa.

Hasta que hace unas semanas la encontré de nuevo. Ni ella ni yo teníamos prisa así que pegamos la hebra. La vi guapa, cariñosa, risueña, como siempre. De pronto creí percibir en sus gestos cierta inquietud y le pregunté cómo iba todo. La respuesta no dejó lugar a dudas: “El lunes me voy a Tenerife”, dice. Vacaciones, supuse. “No. Voy a donarle un riñón a mi hijo. Soy la única que puede hacerlo, el único que no rechazará. Lo han dicho los médicos”. El chico del que habla está en torno a los veinte años y ambos, madre e hijo, viven juntos e ilusionados un proceso quirúrgico que sin duda tendrá los mejores resultados. Así lo deseo. En Canarias los casos de donaciones renales madre-hijos no son frecuentes; me dicen que solo se han donado un centenar en los últimos diez años pero con resultados espectaculares. En estos días mi amiga espera la llamada que le ordene viajar a Tenerife para realizar un acto de amor que conmueve.

Pero bueno, lo que de verdad quería destacar yo no era el dato, ni siquiera la operación, ni las altas posibilidades de éxito. No. Lo que de verdad quería contar es la alegría, el optimismo, el despojo absoluto de tragedia con la que mi amiga dará el paso dándole la mano a su hijo. Quería contarles, eso, lo gratificante que supone haber descubierto su generosidad y valentía. Ver cómo asume un acto que tiene la gravedad que tiene. A veces las prisas nos impide conocer lo que la verdad esconde.

Ella.

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