FIRMAS Marisol Ayala

Hay que respetar. Por Marisol Ayala

No me había ocurrido nunca. Hace unos meses recibí la llamada de una amiga que me proponía como personaje para un reportaje a una señora a la que llamaré Andrea. Ella me esbozó un perfil de la mujer, palmera, 75 años e hizo hincapié en su experiencia en África, su condición de matrona jubilada, su actividad en el terreno de lo social y un sinfín de episodios que me parecieron interesantes para contarlo. Me puse manos a la obra e hice los contactos necesarios hasta hablar con Andrea; antes lo hice con su hija que fue introductora con su mamá. “Que ya hablé con ella y aunque no le gusta mucho la vi dispuesta. Llámale. Depende de ti”. La llamé y tuve con la señora una larga charla.

Después de explicarle el formato del reportaje y de matizarle que finalmente sería ella la que decidiría si quería o no salir en la prensa surgió la pregunta: “¿Qué hacemos, Andrea?”, le dije: “Vale, vale. Mañana le espero”, contestó y cortamos. El día siguiente estaba puntual en su casa porque pensé que mi personaje lo tendría todo preparado y seguramente querría quitarse de encima a la pesada periodista. Llegué. No vi un solo papel en la mesa, ni fotos, nada estaba preparado. Como la experiencia es un grado le pregunté al verla nerviosa, incómoda “¿qué le pasa, Andrea?”. “Es que no sé cómo me atreví a decirle que sí a la entrevista, estoy arrepentida y no sé qué hacer”, confesó preocupada por mi trabajo: “Pero mire”, agregó, ”no le haré perder el tiempo. Haremos el reportaje porque mi palabra es una”. Nos miramos, reímos, le pedí un café cargado y anulé la entrevista: “No se agobie mujer; no haremos nada. Lo que no quiero es que sufra”, le dije. Un suspiro de alivio fue su respuesta.

«Le soy sincera, anoche no dormí. Me tomé una pastilla y hasta soñé con este momento”. A partir de ahí hablamos de mil cosas y al final, cuando me acompañó al ascensor expresó su liberación con toda sinceridad: “¡No sabe el peso que me ha quitado de encima!, ¡tengo ganas de gritar!”. Y volvimos a reír. En fin, que sepan los lectores que como en lo profesional ya voy por libre mi decisión no tuvo consecuencias laborales pero en un periódico hubiera vivido una situación complicada: “¿Y ahora qué metemos en esa página?”, me preguntaría el jefe.

¿Y si la llenamos de respeto aunque hoy eso venda poco?

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