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La estrategia del pequinés, de Alexis Ravelo, premio Hammett a la mejor novela negra 2013. Por Eduardo García Rojas

En este mundo solo hay dos tipos de personas: los ganadores y los perdedores. Y tú y yo no somos ganadores. La gente como tú y como yo pierde siempre.”

 

(La estrategia del pequinés, Alexis Ravelo, Alrevés)

La estrategia del pequinés (Alrevés) continúa siendo hasta la fecha la mejor novela de Alexis Ravelo. Ya comentamos en su momento las impresiones que nos provocó este título, un punto y aparte en la carrera de un escritor que hasta ese momento buscaba su lugar en el mundo con su peculiar investigador Eladio Monroy, un personaje interesante y honesto, sí, pero que se movía y gastaba entre los límites demasiado estrechos de las cuatro historias que, hasta el momento, le ha dedicado Ravelo.

La publicación de La estrategia del pequinés significó, en este sentido, un revulsivo. Un revulsivo no solo para el escritor grancanario sino para los lectores iniciados en novela negra y criminal que esperábamos que su autor se soltara por fin el pelo –esto del pelo es metáfora cuando se habla de Alexis Ravelo– y volcara todos sus conocimientos como lector del género en un relato, La estrategia del pequinés, que tiene tan grato sabor a los grandes clásicos. Los grandes clásicos de la línea cruda y dura de la literatura criminal.

Antes de que recibiera el premio Hammett, galardón que otorga la Asociación Internacional de Escritores Policíacos en la Semana Negra de Gijón a la mejor novela negra, en este caso publicada en 2013, Alexis Ravelo nos comentaba en las Jornadas de de Novela Negra de Arona que ya estaba satisfecho con estar en la lista de los cinco finalistas. Pero no sé, no sé… porque a mi eso de que lo mejor es participar me suena más a frase hecha por quien cree ser un perdedor que esconde sus ansias de ganar. Y fuera así o no en el caso de Ravelo, estaba claro que éramos muchos los que confiábamos en que obtuviera el Hammett porque La estrategia del pequinés es, sin duda alguna, la mejor novela negra escrita en español en 2013.

Con esta historia de y sobre perdedores, Ravelo se adelantaba a muchos escritores del género presentando personajes del otro lado. Hombres y mujeres del arroyo para lo que lo importante no es participar sino ganar.

En la novela, no gana sin embargo casi nadie, pero sí un lector que, como fue mi caso, quiso encontrar en esta historia notablemente crepuscular influencias muy bien digeridas de William R. Burnett, James M. Cain y Jim Thompson, entre otros gigantes del género. Género que, como todo el mundo sabe, es tan norteamericano como el western.

Explica Alexis Ravelo a El País que con esta novela lo que quiso hacer fue contar una historia de “perdedores, que son las que escribo yo. Una historia sencilla sobre gente sencilla que tiene que hacer golferío para salir adelante”. Y no le falta razón a nuestro primer escritor canario de literatura negra y criminal con permiso de los demás; ya que tanto en La estrategia del pequinés como La última tumba (Edaf) por la que obtuvo el XVII Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe, son historias protagonizadas por parias de la tierra que se atreven a ponerse en pie en tan famélica legión.

Es una gratísima noticia que Alexis Ravelo haya conseguido el premio Hammett y es una gratísima noticia, entiendo, no ya solo para los que cultivan en la actualidad el género en este archipiélago –tres de cuyos narradores, incluido Ravelo, estuvieron este año en la Semana Negra de Gijón reivindicando el espacio que se merece esta literatura que se escribe en Canarias– sino también para los otros escritores que, nacidos o residentes en las islas, tienen sus expectativas puestas más allá de las fronteras que impone este mar que nos rodea.

A partir de este año, Alexis Ravelo forma parte de ese camino tachonado de grandes nombres de la literatura negra y criminal que se escribe en español. Cito solo a unos pocos: Francisco González Ledesma, Paco Taibo II y Leonardo Padura.

E intento imaginarme como debe de sentirse Alexis Ravelo.

Y escucho su peculiar carcajada. La generosa carcajada de un tipo que, vaya como son las cosas, hoy será cualquier cosa menos un perdedor.

Saludos, levanto mi copa de ron Aldea, desde este lado del ordenador.

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