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El secreto de Taganana, una novela de Pilar Escalona. Por Eduardo García Rojas

“- Ahora es el momento de podar. ¿Se ha fijado usted? Todo esto está así gracias a mí, porque ante estaba todo abandonado. ¿No tendrá por casualidad un cigarrito, don?

– No, no fumo.

– ¿Me da un cigarrito?

– ¡Le estoy diciendo que no fumo! ¡Qué no fumo!- chilló Manolo, al tiempo que sentía unos deseos incontrolados de fumarse un cigarro y quitarse de en medio al tipo ese.

– A mi me dan pronto el tercer grado e iré a Tenerife I. A ver si me buscan un trabajito y puedo salir. ¿Tiene tabaco, don?

(El secreto de Taganana, Pilar Escalona. Colección G21 Narrativa Canaria Actual, Ediciones Aguere/Idea)

La irrupción de la que ya se conoce como trilogía lagunera de Mariano Gambín despertó entre algunos escritores de las islas el interés por contar historias que se movieran más o menos por sus mismos territorios y espacios. Territorios y espacios que son claves en la producción del autor, un escritor preocupado más por entretener a los lectores que por fascinarlos con su literatura.

En todo caso, las novelas de Mariano Gambín son traducciones de novelas comerciales que aún no disfrutan del beneficio de la duda por parte de públicos digamos cultivados y exigentes. O aficionado a una literatura que puede dar origen a debates varios, siempre y cuando se defiendan ideas y biblias particulares. Es decir, los títulos que, por una u otra razón, marcaron su devenir como ciudadano que consume lo que emana de la cada día más molesta y sobria república de las letras.

El caso es que la producción literaria de Mariano Gambín ha generado en Canarias otras novelas en las que se aprecia su involuntaria influencia. Entre otras, las de ambientar relatos en los que se mezcla misterio y acción en las islas. Y la idea, que ya contó con  antecedentes como, entre otros, Jorge Rojas y José Manuel de Pablos, ha vuelto a recuperarse hoy con un insólito y fascinante entusiasmo.

Ahí está Benjamín Barret y su La Laguna de los olvidados (Neys Books), un relato más escorado hacia la novela histórica de misterio y acción, y Pilar Escalona.

El secreto de Taganana es la segunda novela de la escritora, quien se presentó hace dos años con El envío turco, primera entrega de una serie en la que aún trabaja, aunque uno de sus protagonistas, el capitán Perdoma de la Guardia Civil, aparece como personaje en su historia sobre Taganana.

El libro forma parte de la colección G21 Narrativa Canaria Actual, una de las apuestas editoriales más constantes de cuantas han aparecido en los últimos años en el mercado regional, y guía –por su heterodoxia temática y generacional– de por donde se mueve parte de la literatura que hoy se escribe en el archipiélago.

 

El secreto de Taganana es una novela de misterio y aventuras que solo tiene un fin en sus más de trescientas páginas, la de entretener al lector, sobre todo al lector de unas islas que hoy parecen tan necesitadas de encontrarse en su literatura.

Adiós, pues, a Macondo o Comala con otro nombre.

Esos territorios míticos que no dejan de ser una retorcida representación de éste. Aunque éste ya no necesite disfrazarse entre los nuevos narradores nacidos o residentes en Canarias. Todos ellos, o la mayoría de ellos, autores que prefieren ahora citar con su nombre los lugares, los pueblos y ciudades de un archipiélago que recobra un merecido reconocimiento como espacio de ficción.

Espacio de ficción que Pilar Escalona emplea con profundo amor hacia esta tierra y sus tradiciones. Eso, y no otra cosa, es El secreto de Taganana.

Un título en el que se mueve un conocido de la escritora y de sus lectores, el capitán Perdoma. Un personaje que, como sucede con los personajes que quieren convertirse en serie, vale más por sus ratos de esparcimiento que cuando se mueve como sagaz guardia civil.

En este sentido, donde cobra mayor naturaleza su primera y segunda novela es cuando Pilar Escalona describe tenderetes y fiestas como reivindicación de la amistad. Esa complicidad que germina al lado de un plato de garbanzas y un litro de vino tinto, y no tanto cuando describe las gélidas relaciones que impone cualquier actividad laboral.

Coincide además en las dos novelas de su autora otro tema, el viaje. Aunque en El secreto de Taganana se quede solo en Tenerife. Isla que recorren sus personajes a medida que se va desenredando el nudo de la trama.

En esta ocasión, y como si de una novela negra se tratara, la acción se dispara con el atraco a una entidad bancaria en la ciudad de La Laguna. Y tras una serie de vicisitudes, que los ladrones pierdan el botín, lo que genera que tanto los que trabajan al servicio de la ley como quienes se la han saltado, hagan todo lo posible por encontrarlo primero.

A mi juicio, sin embargo, la novela comienza a dar bandazos precisamente por contar todo esto en demasiadas páginas, muchas de las cuales resultan prescindibles porque no aportan información al relato. Tampoco funcionan como capítulos para relajar la tensión.

Una de las virtudes de esta novela es, sin embargo, su intención por entretener.

Un entretenimiento que no quiere molestar al lector con cuestiones morales sino engancharlo para que continúe pasando las páginas, esas mismas donde se desarrolla una acción cada vez más frenética hasta la solución del caso.

Saludos, decíamos ayer…, desde este lado del ordenador.

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