FIRMAS Marisol Ayala

Tsunami en la izquierda. Por Marisol Ayala

El tsunami de la izquierda tiene nombre, Podemos. Los efectos del resultado electoral de las elecciones europeas del 25 de mayo siguen teniendo consecuencias en todos los campos pero especialmente en la izquierda donde la crueldad de los resultados siguen a flor de piel. 1.200.000 votos se le atragantaron. El para casi todos espectacular apoyo electoral a la organización que lidera Pablo Iglesia, enemigo a batir por tierra mal y aire, ha provocado una convulsión de enorme dimensiones en el PSOE e Izquierda Unida. Es verdad que al primero los votos se le han escapado por distintas vías pero, sea como sea, Podemos es un nicho de votos relevantes. Miedo escénico. La sorpresa de Iglesias y Cía. al que muchos votaron atrapados por la decepción de una izquierda, los socialistas, que llevan años dando palos de ciego que escenificaron su malestar la misma noche electoral y los días siguientes con la dimisión de su secretario general, Pérez Rubalcaba. Un congreso extraordinario para sustituirlo a finales del mes de julio donde, también por sorpresa, Sánchez ha dado la campanada pasando por la izquierda a Madina, el segundo candidato mejor situado. Pero la tormenta también ha hecho mella sobre Izquierda Unida como agrupación que vio peligrar su voto fiel para viajar hasta Podemos.
En ambas fuerzas políticas se tuvo conciencia el 25 de mayo que la formación de Pablo Iglesias se había nutrido de ex votantes socialistas, de Izquierda Unida, y de abstencionistas de las elecciones de 2011. El desespero del PSOE tratando inútilmente de convencer al votante fue tan evidente que lejos de animar al voto lo frenó pero sí entendieron que había que dar un giro a la izquierda, el mismo que le han pedido a gritos sus votantes y no han hecho caso.

Pérez Rubalcaba

Los afiliados piden oxigenar el partido, nuevas políticas, nuevas caras y nuevo proyecto. Al filo de la navaja socialista IC se tiró a la calle con la rapidez de un rayo. La pulsión republicana de los socialistas afloró con ímpetu como constatan los aspirantes a liderar el PSOE en sus actos para pedir el apoyo de los militantes. Todo para frenar la sangría de votos que fueron a parar a los hombre y mujeres de Iglesias que se ha convertido en una amenaza cierta para una izquierda adormilada, casi noqueada, desde hace tiempo y que no sabe qué camino elegir en el cruce de caminos.
Frenar la sangría de votos rumbo a Podemos de cara a las elecciones municipales es el objetivo de la izquierda española y eso no es poca cosa en un PSOE que está en proceso de elegir a un nuevo líder y en cuyo seno conviven corrientes del centro izquierda a la socialdemocracia. En IU la crisis se ha abierto y en respuesta ya han situados caras nuevas al frente de la agrupación. Las estrategias van desde plantarle cara a Podemos o pactar con ellos. Podemos, cuya eje central de campaña fueron las redes sociales, vino a demostrar que no estaban muy vigilados políticamente, que sus contrincantes les minusvaloraron y que hay vida después de las vallas y la propaganda tradicional. Entre tanto, el enemigo público número uno es un joven a quien los medios afines al PP le están haciendo una brutal campaña de desprestigio de la que me pregunto si finalmente hará mella en los mismos que le votaron con ilusión. De manera que una de mejores obras de Podemos ha sido sacudir a la izquierda, enviar un mensaje en el sentido de “estamos aquí, que nos vean”. Y no los vieron.
Bueno será que Iglesia no se escarranche porque está en el punto de mira. Decir, tal como se publica hoy, jueves, que quiere regular la concentración de medios de comunicación no es el que se dice un buen titular pero documentado está.

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