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Volvemos a dar la nota. Por Eduardo García Rojas

 

La lancha los dejó en la orilla de una playa aparentemente desierta. Al fondo se dibujaba la silueta de un volcán con el pico nevado, y una abundante vegetación que rompía el sueño de aquella arena morena, que tostaba un sol cuyos rayos parecían proceder del mismísimo infierno.

Cuando bajaron de la lancha, tres mujeres y dos hombres, uno de ellos casi un adolescente al que los demás llamaban no por su nombre sino con un mi niño a medio camino entre los cariñoso y burlón, se encontraron en su peregrinar por el interior de la isla con una ciudad en ruinas en la que colgaban carteles ya amarillentos por el paso del tiempo.

Los edificios de aquella urbe estaban tapizados de ramas trepadoras y volaban a su alrededor unas aves diminutas, de plumaje amarillo chillón, que cantaban más que por alegría como advertencia al resto de su familia voladora.

Fue el más joven, al que llaman mi niño, quien encontró el primer anuncio. Lo leyó en voz alta porque el resto de sus compañeros habían perdido el arte de la lectura.

– Jueves 26 de junio del año 2014. En un lugar que se llama TEA Tenerife Espacio de las Artes se proyecta el documental…

– ¿Qué es un documental, mi niño? preguntó el hombre.

El joven se encogió de hombros y continuó traduciendo aquellas palabras: “… se proyecta un documental titulado Al pie de la cruz me muero, que dirige Herika González y se exhibe a las 20 horas.”

– ¿Cuenta una historia?.- preguntó una de las mujeres.

–  La del pueblo de El Pinar, en El Hierro, que alberga la Fiesta de La Cruz. Una fiesta ancestral que se celebra cada 3 de mayo, y en la que las jóvenes casaderas del pueblo  engalanan las cruces con prendas prestadas por los vecinos y ricas telas, para luego sacarlas en procesión por diversas calles del municipio, y se baila.

– Creo que hemos llegado un poco tarde.- admitió la misma mujer observando el desolador paisaje de la ciudad en ruinas.

– Aquí hay otro mensaje .- dijo el joven señalando con el dedo un cartel cuyas esquinas estaban rotas, quién sabe si por el paso del tiempo.

– En otro lugar que se hace llamar Casino de Tenerife ese mismo jueves, a las 20.30, se presenta la novela El amor y otras vías de escape, de Gerardo Pérez Sánchez.

– ¿Qué es una novela, mi niño?- preguntó el hombre.

El joven volvió a encogerse de hombros mientras daba dos pasos, tropezándose con otro cartel en el que leyó: “Aquí pone que Jorge Gorostiza imparte una charla sobre Los orígenes del cine en Canarias

– ¿Cine, mi niño?

– Sobre Los orígenes del cine en Canarias –repitió el joven–. El acto tendrá lugar en la Real Academia Canaria de San Miguel Arcángel en Santa Cruz de Tenerife. A las 19.30 horas.

– Ta bien.- dijo una de las mujeres.

– Y en este cartel se puede leer que Mariano Gambín participa ese mismo día, a las 19 horas, en el ciclo Entre Palabras, que acoge la sala Domingo Pérez Minik de la Biblioteca Pública del Estado de Santa Cruz de Tenerife.

– Todo muy interesante.- dijo la segunda mujer, la que no había hablado hasta ese momento mientras se frotaba con las manos la barriga, de la que salían ruidos estentóreos porque a sus tripas les había dado por la música.

Lo de la música de las tripas se contagió pronto entre los demás. Y ese ruido los acompañó mientras exploraban un poco más aquella ciudad que parecía haber quedado detenida en el tiempo.

* La imagen correspode al largometraje Náufragos (Alfred Hitchcock, 1944). En la imagen Tallulah Bankhead y Walter Slezak)

Saludos, bienvenidos al mundo perdido, desde este lado del ordenador.

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