FIRMAS

Linchamiento en la plaza pública. Por Juan García Luján

Me acerqué a la plaza de la Victoria a ver el partido de la UD Las Palmas contra el Córdoba. Quería vivir y compartir la alegría de un pueblo abatido por tantas tristezas. Mandé un mensaje a los compañeros de la radio, también estaba dispuesto a contar a los oyentes de la SER la fiesta que se veía venir. Los bares y terrazas estaban llenos. Las unidades móviles de televisiones y radio estaban preparadas alrededor de la plaza.
Minuto 91 y empieza la gente a saltar al césped. Al principio parecía una escena simpática, la alegría incontenible de unos aficionados que querían ser los primeros en abrazar a sus héroes. Hacían lo que se hace en todos los campos cuando se gana una competición o se sube de categoría. Se invade el césped para compartir la fiesta con el equipo. Pero…, había que esperar a que el árbitro tocara el pito. Y no esperaron. Y no los pudieron contener. Alguien tendrá que explicar por qué abrieron las puertas de par en par a cientos de personas minutos antes de acabar el partido.

Si el Córdoba no hubiera marcado el gol del empate esos muchachos impacientes estarían ahora afónicos. Y el lunes irían corriendo al kiosko a comprar el periódico a buscarse en las fotos o entrarían en el ordenador para descargar las imágenes de los últimos minutos. Y presumirían de esos retratos junto a otros aficionados. “Somos de primera y yo abracé primero a los héroes”, dirían orgullosos.

Pero ocurrió que el sueño de subir a primera estaba cogido sólo por los pelos. La ventaja con el Córdoba era la mínima. Y el empate a uno daba el ascenso al equipo andaluz. Y eso fue lo que pasó. La muchachada impaciente metió la pata, pero el gol lo metió el Córdoba. Y ese gol aupó a los andaluces.

Uno no es aficionado al fútbol, y eso puede ser una limitación o una virtud a la hora de narrar un hecho. Creo que lo que estoy contando es lo que ocurrió. Entiendo la tristeza de la afición y su indignación. Pero lo que no podemos hacer es volver a los tiempos del salvaje Oeste, y poner las fotos de los que saltaron al campo y decir “ayúdanos a difundirlas”. Poner fotos de menores de edad en las redes sociales e incitar a su linchamiento es un delito. Desde un perfil de twitter con el escudo de la UD Las Palmas(que me dicen que no es el perfil oficial) se están difundiendo fotos y animando a buscar más imágenes. Hay gente que busca en Facebook y en otras redes los perfiles de los que saltaron al césped y pide que se los humille. Los “civilizados” ciudadanos plantean lapidar a los “energúmenos”, los antiguos linchamientos en la plaza pública se hacen hoy en los muros de facebook. Sería bueno frenar los bajos instintos y parar tanta irracionalidad. Y por supuesto no justifico ningún comportamiento violento de los aficionados que tiraron sillas y agredieron a otras personas.

Acabó mal la semana para la isla de Gran Canaria. Pero tampoco iba muy bien. Hace unos días conocimos que en los seis años de crisis económica en Canarias la pobreza humana ha crecido un 12,4% mientras que la media del incremento en el resto del estado fue del 1,7%. En una comunidad que vive de turismo, con record de visitantes, que recibe más de un 20% del total de turistas que visitan España, y resulta que lideramos el desempleo y la desigualdad social. Y nadie ha difundido las fotos de los autores (líderes políticos y económicos) de este desastre social. Porque aunque la Unión Deportiva Las Palmas hubiera subido a primera, no se puede decir por nuestra realidad social que tengamos una clase dirigente de primera. Necesitábamos unos cabezas de turco para tantas frustraciones y los encontramos en unos pibes que saltaron al césped antes de tiempo. No nos engañemos. La dramática realidad de Canarias no cambiará mientras sigamos pensando que los mayores energúmenos, los que más han jodido los sueños de los canarios son los que cogieron unas botellas de agua del banquillo del Córdoba.

@juanglujan

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