FIRMAS Salvador García

Libertad en riesgo. Por Salvador García Llanos

Si echa la vista atrás a los últimos años, ¿considera que la libertad para ejercer su labor como periodista ha aumentado o ha disminuido?,  le preguntaron a los ciento veinte periodistas consultados para llevar a cabo el II Estudio sobre la profesión periodística que promovía la firma Gas Natural Fenosa junto a la Asociación de Periodistas de Información Económica.           

El resultado es  llamativo comparado con el de la primera edición realizada hace tres años: el porcentaje de quienes piensan que hay menos libertad para ejercer el periodismo ha aumentado en dieciséis puntos. Se ha pasado del 37 al 53%, un salto notable que debe hacernos reflexionar en plena crisis de la profesión, sobre todo, para valorar en qué condiciones se desarrolla el trabajo. Más de la mitad de los consultados cree que la libertad para dedicarse al periodismo es menor.  Si se añade que un 31% entiende que es igual  y el 10% interpreta que ha aumentado, el panorama es preocupante. Hay una percepción muy extendida de que las cosas han cambiado -y no a mejor, precisamente- de forma considerable.

O sea, que un buen número de profesionales estima que ha decrecido su libertad para informar. Incluso para quienes podemos tener una opinión distinta, en el sentido de que hoy en día, en muchos foros y en muchos medios se puede decir cualquier cosa, además no siendo cierta, porque nada va a pasar o porque quedará impune cualquier opinión por muy insultante o descalificatoria que sea (por lo tanto, casi no hay límites a la libertad de expresarse), incluso para quienes estamos en este lado, decimos, el registro llama la atención.       

Y aunque en el estudio de Gas Natural Fenosa, no se consigan respuestas directas a las causas que merman la libertad para ejercer el periodismo, de las procesadas para otra consulta se desprende que el profesional ha perdido influencia, entre otras razones, por la dependencia económica de los medios, por la precariedad laboral derivada de la crisis del sector, por la evolución de redes sociales, por pérdida de fiabilidad y credibilidad y por la presión de poderes muy influyentes.     

Así las cosas, no es de extrañar que un 66% de los encuestados (trece puntos más que hace tres años) estime que los periodistas influyen bastante menos con respecto del poder político. Las mismas dificultades para informar que se van sucediendo (ruedas de prensa donde no se admiten preguntas o comparecencias públicas en pantallas ubicadas en otras salas; o estampidas por un garaje de una institución pública o negativas, sin más, a responder preguntas; o escasa voluntad de facilitar el acceso a los protagonistas y a la información pública),  van mermando las ganas, van desanimando y anulando, casi, cualquier alarde crítico.

Hay que convenir entonces que la crisis sigue golpeando a la profesión periodística y que la libertad para informar está riesgo.

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