FIRMAS Juan Velarde

Nadal es como la Nocilla: no hay otro igual. Por Juan Velarde

Rafa Nadal, con todos los respetos y que sirva como broma, es como la Nocilla, no hay otro igual. De diez Roland Garros disputados, nueve títulos. Sólo un sueco que supo aprovechar un mal día del jugador balear, Soderling, evitó en 2009 que Nadal no sólo no ganase el torneo, sino que además se fuese eliminado en octavos de final. Eso sí, aquella eliminación sirvió para que su buen amigo Roger Federer consiguiera hacerse con el trofeo francés, máxime después de que el tenista de Manacor le comiese la moral con dos victorias de prestigio en Wimbledon (2008) y Australia (2009).

Hoy Rafa Nadal tenía una durísima prueba de fuego frente a un Novak Djokovic que le había vencido en las últimas finales, incluso algunas de ellas que eran casi patrimonio del español como Roma o Montecarlo. Hay quien mantenía la teoría, nada descabellada, que esta vez el serbio partía como claro favorito, ya no sólo por el aspecto psicológico, sino porque también se había acostumbrado a mojarle la oreja a Nadal en su superficie favorita, la tierra batida.

Pero el balear, en su torneo fetiche, tenía a su favor algo que echa para atrás a casi todos sus rivales, la fortaleza mental y el aguante físico y en una cita que se juega al mejor de cinco sets, normalmente Nadal es el número uno del planeta y de la galaxia, un deportista prácticamente imbatible.

Aun así, todo se ponía en contra para Rafa con un primer set primoroso de Djokovic. No se veía a un Nadal fresco, con demasiados errores ante un rival que parecía volver a tomarle la medida. Sin embargo, fue llegar el descanso y comenzar la segunda manga para empezar a ver la mejor versión del tenista de Manacor y, a la par, comenzar a observar como al serbio se le iba cambiando el semblante porque volvía a ver como se le aparecían los fantasmas de antaño.

De hecho, el tercer set casi fue un monólogo de Nadal, aunque le costó cerrar el quinto punto y después, en el cuarto set, cuando todo parecía hecho para un 5-2, Djokovic apeló a la épica y, por qué no decirlo, a los fallos de su oponente, y ponerse 4-4 e incluso con ventaja para haber llegado a un 5-4. Pero ahí resurgió el mejor Nadal y se puso por delante y con 0-30 en el resto, le levantó dos puntos al serbio para poner el 6-4 y cerrar un Roland Garros victorioso y, lo más importante, con el aplauso unñanime de unos franceses que han entendido que si no puedes con tu enemigo, únete a él. Y con 28 años, a Nadal le debe quedar dos o tres mordidas al máximo trofeo de la tierra batida de París.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario