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CRÓNICAS DE UN ERASMUS. Viaje a la isla de Elba. Por Antonio Herrero Álvarez

La costa Toscana cuenta con diversos lugares en los que sus habitantes “huyen” en cuanto se empieza a acercar el calor. Uno de estos sitios es el Archipiélago Toscano, y más concretamente la isla de Elba. Hace un par de semanas decidí hacer una escapada de 4 días, de jueves a domingo con mi pareja.

El viaje desde Florencia es algo largo y pesado, sobre todo como fue nuestro caso, sino cuentas con un medio de transporte propio.  El tren cuesta unos 30 euros ida y vuelta, y  sale desde la estación de Santa Maria Novella en dirección a Pisa donde debes realizar un transbordo para llegar hasta Piombino. Una vez allí, existen diversas compañías de ferris que unen la isla con el continente en poco más de una hora,  y por poco más de 20 euros,  sin demasiada antelación puedes comprar tu billete de ida y vuelta.

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El barco algo más viejo y lento que los que conectan nuestras islas, atraca en la capital de la isla Portoferraio. En nuestro caso, y al no poder llegar  antes de las dos de la tarde ya que en invierno, en la isla todo funciona según el período del año, solo existe una línea de guagua que conecta esta localidad, con Lacona donde nos hospedábamos en un camping, tuvimos que recurrir cartel en mano al más que socorrido autostop.

Afortunadamente, en poco más de 20 minutos de espera, un coche nos recogió y nos llevó hasta la misma puerta del camping. Una vez allí hicimos el registro y nos acompañaron hasta nuestra cabaña, todo ello en un ambiente familiar.

El único problema a parte de las malas conexiones entre los distintos puntos de la isla, es la compra de la alimentación. Muchos de los pueblos no cuentan con un supermercado, y las tiendas de víveres tienes precios desorbitados.

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Al llegar el jueves por la tarde, solo nos dio tiempo de hacer la compra de lo más básico, ordenar nuestra estancia y realizar una pequeña exploración de la  zona.

Al día siguiente, el cielo estaba encapotado por lo que descartamos la idea de ir a la playa. Nuestro camping contaba con un servicio gratuito de kayaks, por lo que no dudamos en aprovechar el mal tiempo para hacer deporte.

La isla es un reclamo para los amantes del ciclismo, tanto de carretera como de montaña. Además, es un paraíso para los moteros, ya que como pude comprobar yo mismo, ya que alquilamos una scooter para el día siguiente por unos 40 euros.

El sábado y con un día espectacular, cogimos el scooter y nos dedicamos a recorrer la isla. Las playas de Cavoli y Fetovaia con su arena blanca y agua impoluta y cristalina son de las mejores de la isla.  Una de las cosas que más me llamo la atención, sobre todo en la última de estas playas es la existencia de zonas de acceso “restringido”, acotada y llena de hamacas y sombrillas, en las que por 16 euros al día  puedes disfrutar de uso y disfrute. Además, para que las duchas funcionen debes de introducir un euro.

Otra de las cosas a tener en cuenta a la hora de visitar la isla, son las fechas en las que se realiza. Entre los meses de junio y septiembre es casi imposible encontrar alojamiento sino se hace con bastante antelación, además, el aumento de precios para este período es increíble.

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La isla también es conocida por alojar durante poco menos de un año, a unos de los personajes más controvertidos de la historia reciente europea como fue Napoleón Bonaparte que visitó la isla en 1814.

Además, en Italia el precio de la gasolina es de media un tercio más caro que en Canarias, llegando a 1.72 euros/ litro de gasolina, así que si vienen con el coche, o lo alquilan es un gasto más a tener en cuenta.

Por lo demás, nuestras islas no tienen nada que envidiar.

 

 

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