FIRMAS Salvador García

Dominó en expansión. Por Salvador García Llanos

En el tránsito de los años setenta a los ochenta ya dábamos salida informativa, en Diario de Avisos, a las primeras competiciones del dominó, un juego de mesa que apasionaba y apasiona en las islas. En un breve lapso de tiempo, el impulso a la formalización de estructuras, campeonatos y patrocinios fue notable. Algunos equipos y no pocas parejas, de distintas localidades, cobraron gran popularidad en pocos años. Los campeonatos tuvieron, durante los fines de semana, una suerte de ritual y formalidades que reflejaban el auge del juego. Constituyeron una Federación y todo para que no se dudara de la seriedad y de la necesidad de contar con una organización válida para dar cobertura al crecimiento de la especialidad.

De esos inicios y de los avances tuvimos ocasión de hablar hace pocas fechas, cuando la Federación tributó, en Icod de los Vinos, un reconocimiento a quien fuera su presidente, Pedro Carballo González, quien años después y hasta su fallecimiento asumiría también los destinos de la Federación Española, con sede en el Puerto de la Cruz. En el curso del acto fue posible contrastar el respeto y el afecto que Carballo se ganó a base de templanza y de constancia. Recibió, a título póstumo, la medalla de oro del organismo. Muchos clubes y otras entidades se adhirieron a la iniciativa.

Allí estaban su viuda e hijos, sus familiares y allegados, compartiendo el frío de su ausencia pero también el calor vivo de sus recuerdos y de su dedicación al dominó. Allí estaban el director general de Deportes del Gobierno de Canarias, el presidente de la Federación Española, procedente de Alicante, y el de la Internacional, venido desde Caracas. También acudieron dirigentes de federaciones de otras islas.

Y en medio del ambiente que solo los ‘doministas’ saben crear, escuchamos testimonios interesantísimos sobre la evolución de este juego hasta el reconocimiento de su condición de deporte, empeño en el que se afanaron Carballo y sus más directos colaboradores. También, sobre una meta cada vez más próxima: la constitución de una federación autonómica con la que ampliar horizontes de organización y competiciones. Ello demuestra la sensibilidad de los practicantes, que no se conforman, que quieren compartir espacios y mesas con rivales de todas las latitudes insulares. Y eso es positivo.

El dominó ya no es, por tanto, el juego de aquella simpleza de colocar las fichas según el orden de las dos opciones y si no llevas, pasa. Es ya un deporte que sigue expandiéndose, que cuenta con numerosas licencias y que se estructura para que las competiciones tengan todo el interés que los jugadores pensantes, con todas las variables, saben implementar.

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