FIRMAS Marisol Ayala

La ruindad. Por Marisol Ayala

La primera vez que la vi su madre arrastraba un cochito y ella, un bebé, jugueteaba con chupetes y sonajeros. El encuentro se produjo en los juzgados y mi lado estaba un pediatra amigo. Ambos habíamos hablado de un caso, el del bebé de la silla, a quien su madre, despechada con el padre de la niña trasladó el daño que hubiera querido hacerle al hombre pero no pudo. Éste la había dejado y la madraza decidió preparar un biberón con agua fuerte y dárselo a la niña. El pediatra denunció el caso desde que la niñita ingresó gravísima en el Materno. El asunto acabó en los tribunales de ahí mi conocimiento minucioso del suceso. Seguí el proceso y conocí la miseria y la maldad de alguien que pierde de cabeza y luego la libertad porque acabó en la cárcel por atentar contra la vida de la pequeña.

A esa niña la vi aquel día y semanas más tarde cuando la malvada madre tuvo le desfachatez de acudir al periódico para que desmintiera lo publicado y amenazarme con mil cosas. Para que el lector se haga una idea del daño irreparable que le causó al bebé la ingesta del biberón envenenado sepan que le destrozó la tráquea y que jamás pudo comer sólido y lo liquido le suponía un sacrificio. La justicia la apartó de su hija y le dio la custodia a su abuela al alcanzar un acuerdo con el hombre que siempre estuvo pendiente de su hija, tal como supe años después. Ahí pensaba yo que acababa mi relación con el caso. Pero no.

Un día me llamaron. Era la abuela de la criatura. Había encontrado prensa de la época y quería verme y así lo hicimos. Cuando la conversación terminó llegó una joven, alta, fuerte, guapa, de ojos claros con un pañuelo anudado al cuello. Era la niña. Con ese pañuelo ocultaba la traqueotomía con la que vive desde pequeña. Sabe poco de su madre y la figura más importante de su vida ha sido la abuela. No imagino nada tan ruin como volcar la frustración, la crueldad, en un ser infedenso. Alguien que se encamina amorosa a preparar un biberón que tiene como objetivo acabar con la vida de su hija no debe estar en su sano juicio. Estos días he recordado el caso porque he visto un reportaje de hijos cuyas madres no han jugado otro papel en sus vidas que parirlos. Nada más.

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