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Sí al petróleo en Canarias. Por Pablo Zurita

No discutimos sobre el cambio del modelo energético ni sobre la bondad o conveniencia del uso de hidrocarburos fósiles ni siquiera, aunque pueda parecerlo, sobre la amenaza que la actividad prospectiva supondría para los ciudadanos o para el medio ambiente.

Pensar que extraer petróleo en las Islas “afianza” su consumo frente al deseable empleo de energías renovables o tacharlo de “energía sucia” y, por tanto, prescindible, son pura demagogia. Por supuesto que debemos intentar hacer uso racional de los hidrocarburos en la medida de lo técnica y económicamente posible y también potenciar la introducción de fuentes alternativas más limpias en base a esos mismos criterios.

Pero hay que hablar claro: el petróleo no es el pasado, ni mucho menos, es el presente y estará con nosotros -nos neguemos a extraerlo o no- por muchas décadas más. Sucederán avances tecnológicos en la generación y la acumulación de energía eléctrica que permitirán incrementar la participación de fuentes limpias, seguro, y erradicar las centrales nucleares para siempre, incluso aparecerán otras opciones para propulsar coches, aviones y barcos, tiempo al tiempo. Mientras, exijamos que toda la cadena de extracción-transporte-refino-distribución-combustión sea segura para que no se viertan al medio sustancias que alteren el equilibrio de los ecosistemas, estamos de acuerdo.

Qué paradoja, quienes profetizan la hecatombe del turismo por los efectos dañinos del petróleo son los mismos que se benefician de las toneladas de CO2 que emiten los aviones que traen a sus clientes. Quienes argumentan contra las prospecciones (todo este lío y aun no se sabe si hay petróleo ni si será rentable extraerlo) restan legitimidad al ministro Soria porque no les ha permitido participar en la decisión, por ser competencia del Estado, pero no han luchado para que el REF corrija esa situación para ellos injusta; afirman que el petróleo no dejará suficiente dinero en Canarias para compensar el riesgo, pero tampoco cuantifican cuánto sería razonable como compensación ni tampoco se ha tratado en las negociaciones de nuestro estatuto económico con España y Europa.

Habría que preguntar si extraer petróleo a sesenta kilómetros de Lanzarote sería asumible si permitiera acabar con las listas de espera sanitarias por siempre jamás o si supusiera reducir el IRPF un 50% a toda la población o si ofreciera la posibilidad de educación gratuita y de calidad a todos los jóvenes canarios, ¿cuál es nuestro precio?, porque por mucho menos nos vendimos a las multinacionales turísticas y tampoco nos preguntaron…

En este asunto soy poco optimista; lo del petróleo se hará por decreto y no por convencimiento, porque, aunque la controversia nació por cuestiones económicas, la han llevado, con astucia e intereses no siempre confesables, al terreno emocional. Tantas personas agredidas en lo más íntimo, en su sentimiento de unión con su tierra, sus playas y su mar; imposible utilizar argumentos racionales cuando manda el corazón.

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