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PERIODISMO RETROSPECTIVO. Canarias y Cuba. Por Miguel Leal Cruz

VI.-APOGEO DEL AZÚCAR EN CUBA

Como tal industria azucarera no floreció en Cuba con plenitud hasta 1595 porque, paulatinamente, fue disminuyendo la producción de La Española (hoy Haití y República Dominicana) que pasará a la mayor de las Antillas donde competirá más tarde con las plantaciones portuguesas en las costas del Brasil, y con las propias españolas en tierra continental de Méjico o Venezuela. En 1602 la Corona Hispana ordena el pago de 40.000 ducados a cargo de las arcas mejicanas para potenciar la industria azucarera en Cuba, cuya promoción fue encargada al gobernador Valdés.  Fueron incrementados y mejorados los primeros ingenios o trapiches, de factura europea, movidos por caballerías o por fuerza hidráulica como se ya se hacía en algunos lugares de Canarias.

La oligarquía cubana se interesó en su explotación y consiguiente rentabilidad para lo que contaba con la ayuda real y la mano de obra barata que aportaban los esclavos negros traídos de África para tal fin, que fue componente exclusivo en estos momentos y a comienzos del siglo XVII para la elaboración y exportación de azúcar a España, y a otros lugares de Europa, que alcanzó unas 50.000 arrobas de azúcar.

La producción aumenta con el paso de las décadas siguientes, así como la superficie de tierras cultivadas que era paralelo al mejoramiento de técnicas agrícolas para la elaboración de mayor y mejor rendimiento en el producto final. En la última década del siglo XVIII, durante el reformismo borbónico y para diferentes posesiones hispanas, se hace necesario un cambio en la legislación agraria en evitación que los ricos propietarios aumentaran a su antojo nuevas tierras cultivables. La mayoría de veces a costa de las vegas para tabaco, y consiguiente deforestación  del suelo, pues no sólo era preciso el desbroce de montes sino, en paralelo, enormes contingentes de madera para mantener la industria en los trapiches a base del calentamiento de calderas y otros artilugios. Fue necesaria determinar la llamada “pesa” o control para abastecimiento de carne a las ciudades y por tanto proteger zonas de prados para el ganado productor de carne y leche. La tradicional condescendencia para obtener concesiones por gracia real en concepto de favores o reconocimiento de méritos y, a veces, extralegales, que habían tenido lugar desde el mismo siglo XVI, iban a ser revisadas; en el siglo XVII, los terratenientes eran detentadores de enormes superficies de tierras consideradas reales y por tanto no propietarios efectivos de las mismas. Por este motivo, desde 1780 a 1820, los explotadores de caña de azúcar mantienen continuos litigios con los representantes reales, pero en 1815 y 1819, durante las guerras de independencia en la América continental hispana, RR DD de carácter liberal y a instancias del gobierno en Madrid, llegan a proclamar la libertad de cultivos y libre propiedad a los detentadores tradicionales de la tierra en explotación. A partir de estos momentos la tierra útil en Cuba pasa a ser propiedad privada individual incluidos los montes colindantes que pronto serán desbrozados  para aprovechamiento de nuevas superficies cañeras.

La industria azucarera propiamente dicha está a merced de las fluctuaciones comerciales, ya desde estos momentos, y su crecimiento será lento hasta mediados del siglo XVII. Los numerosos y rudimentarios ingenios se instalan cerca de los puertos de La Habana, Trinidad y Matanzas. Desde España se demandaba constante producción, a pesar de la producción propia en las costas de Málaga y Granada y de la que recibía desde Brasil (como se sabe las coronas de España y Portugal estuvieron unidos bajo mando hispano desde 1580 hasta 1640), ya que también demandaban dicho producto los Países Bajos y las posesiones italianas. Las guerras europeas habidos a mitad de este siglo a iniciativa del rey Felipe IV, unido a la anexión de Portugal con su imperio de Ultramar, provocan una mayor demanda de azúcar que beneficiará ostensiblemente a la isla antillana.

 

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