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Retrato de una máquina de hacer radio: José Luis Arriaza. Por Gorka Zumeta

Durante un largo tiempo de mi vida profesional tuve la enorme suerte de compartir destino con uno de los tipos con mayor dosis de oficio radiofónico en la sangre que he conocido nunca: José Luis Arriaza. Otro animal del medio que lleva el ritmo en el cuerpo. Cuando Ramón Gabilondo me encargó poner en marcha primero y coordinar los designios luego de Radio Madrid 2, después Radio Madrid FM, y hoy la emisora más escuchada de España, el programa matinal de Madrid, llamado “Hola Madrid”, lo presentaba él.

José Luis Arriaza (Fotografía Pedro Menéndez)

El paisaje en la SER era, ciertamente, particular, porque mientras que en la onda media, el “Hoy por Hoy Madrid”, lo presentaba y dirigía, tan eficazmente como acostumbra, Goyo González; en el 105.4 FM, frecuencia heredada de la antigua Radio Minuto, quien se encargaba del mismo horario (12:20-14:00 h.) era Arriaza. El planteamiento era similar en ambos casos (pero con targets distintos): hacer el gran programa de la mañana para la capital de España. Tiempo después, en 2006 Toni Garrido se encargó de unificar ambas emisoras en un solo programa.

José Luis Arriaza había ingresado, precisamente en Radio Madrid FM (luego sería Los 40 Principales), como cuenta Juan de Dios Rodríguez Pariente en su blog, en el año 1972. Nacido en Córdoba, pero criado en Puertollano (Ciudad Real), hizo sus primeros pinitos en Radio Popular de esta importante localidad minera en aquel tiempo. Pero muy pronto decidió dar el salto a Madrid –la radio ya corría por sus venas- y se presentó en Gran Vía 32 para hacer unas pruebas en la FM, que superó sin problemas. Empezó por tanto como Disk Jockey (DJ).

José Luis participó en aquella época de un equipo fulgurante de locutores musicales que se encargaban de presentar, y defender, la música del momento, con un gran poder ante las discográficas y con una prescripción muy personalizada en sus voces. El equipo estuvo formado por Olimpia Torres, Rafael Luis Díaz (que años más tarde se llevaría un Premio Ondas por su narración desde el Congreso de los Diputados en el 23-F de 1981), Luis Fernando Montilla, José Luis Fradejas ( a quien yo descubrí, de jovencito, en el programa de TVE “Aplauso”) y Pablo Quintana. Al frente de todos ellos Rafael Revert, el padre de Los 40 Principales.

Imágenes correspondientes a su último programa  en antena,
en 2006 (Fotografías Gorka Zumeta)

Desde aquel 1972 José Luis Arriaza vivió páginas inolvidables profesionalmente, le salieron los dientes en Los 40, como hemos comentado, pero se hizo ya grande en la SER, donde tuvo la suerte de trabajar junto a un nombre mítico en la historia de la radiodifusión en España, como fue Bobby Deglané. Personalmente creo que su estilo ante el micrófono es herencia directa de los animadores de aquella brillante época en Radio Madrid (porque entonces la marca era ‘Radio Madrid’), como fueron José Luis Pécquer, Joaquín Prat y Pepe Domingo Castaño.

Arriaza pasó, con ese enorme bagaje sobre sus espaldas, por la Cope, Radio 80 (donde compitió por las mañanas con Luis del Olmo e Iñaki Gabilondo, y no se amilanó), Antena 3 Radio y, por último, la SER, donde actualmente ejerce como directivo de la emisora de Móstoles, tras un período de tiempo en que asumió mi puesto de Coordinador Regional del Circuito de Madrid.

Destinar a un hombre de radio –desde los pies a la cabeza, pasando por el corazón, y la voz- a un despacho era condenarle. Pero a nadie parecía importarle. Los directivos de la última década de la SER han incurrido, en mi modesta opinión, en grandes errores en lo que a la gestión del talento de la casa se refiere. Y se han ido dejando en la cuneta de esta otrora autopista, hoy carretera general, pedazos de alma desgajados violentamente por su falta de visión. Vuelvo a insistir en que muchos de los más grandes nombres de la SER salieron despechados de la casa por su absoluta falta de tacto. Ahí quedan nombres como los de Pécquer, Deglané, Prat, y el propio Castaño y Paco González, por hacer la lista corta.

En la redacción, preparando el último programa

He aprendido una barbaridad con este hombre que destila radio por sus cuatro costados, al que quiero y admiro. Sus colaboradores le recuerdan, todos, sin excepción, como la buena persona que es, y sigue siendo, a pesar de los sinsabores que ha ido acumulando por el camino. Pero también recuerdan sus cambios repentinos de ideas para el programa, en directo, en mitad de su discurso, cuando pedía improvisar temas y volvía literalmente locas a sus productoras buscando los nuevos contenidos para llevarlos a la antena de Radio Madrid FM. Siempre buscaba el “más difícil todavía”. Estaba presentando a alguien, pero ya estaba procesando al siguiente invitado y, al mismo tiempo, pedía tal o cual tema musical para ilustrar la entrevista o preguntaba por cuántas cuñas tenía que meter en el siguiente bloque comercial. Una máquina, señores. Una máquina de hacer buena radio, aunque estoy seguro de que algunos, principalmente quienes le defenestraron, pensarán que formaba parte de una radio antigua, trasnochada y superada por los profesionales más jóvenes, que generacionalmente están alejados de aquel estilo.

Reportaje fotográfico: Gorka Zumeta

Yo creo que no hay estilo. Solo buena y mala radio. Y ante este objetivo, solo hay sitio para los profesionales, los que llevan el oficio muy dentro, y a su capacitación, además, suman olfato y sentido de la oportunidad. Un patrimonio como éste no puede nunca desperdiciarse. Y por desgracia ésta es política habitual en la historia de la SER, donde algunos episodios han sido traumáticos.

Pero, en honor a la verdad, y por justicia, tengo que subrayar que el maestro José Luis Arriaza, a quien nunca ahorraré elogios, supo reciclarse desde el minuto uno, porque él es, ante todo, y ha quedado demostrado, un “hombre de radio”. No solo tuvo que ponerse al día en el manejo de las herramientas informáticas del entorno Windows, sino que asumió de inmediato (y esto es lo más difícil) que su papel ahora era otro bien diferente al que había ejercido durante su tiempo al frente de “Hola Madrid”, que llegó a sumar cien mil oyentes, un hito creo que no superado hasta ahora. Pasó, en cuestión de meses, de elegir los temas de su programa, a driblar con presupuestos y cuentas de resultados. Y está claro lo que más le gustaba. Pero también tenía clara su nueva responsabilidad.

Por eso le sigo admirando. Por su trayectoria, por lo que hizo ante el micrófono cuando le conocí, allá por 1994, cuando compartimos un mismo proyecto, y por lo que está haciendo al frente de la dirección de SER Móstoles, una emisora estratégica de la SER, que ha dado algunos de los nombres más prestigiosos del medio, y con un público potencial (por si hay alguien que sonríe ante el nombre de esta localidad madrileña, asociado a las “empanadillas” de Martes y 13) que supera los 500.000 oyentes. Ninguna bagatela. Lástima que la proximidad de Radio Madrid fagocite su labor, y hasta la estorbe. Siempre dije que Radio Madrid era la más directa competidora de las emisoras del Circuito Regional de esta Comunidad. Pero el mapa es el que es.

Sé que no le gusta que hablen de él. Y menos en público. También es maestro de la discreción, más allá del micrófono. Le he dicho en reiteradas ocasiones que quería entrevistarle para este blog, invitación que amablemente declinaba una y otra vez. Pero ya no podía esperar más. Tenía que hablar de él, de su trayectoria y lo que supone de aportación a la historia reciente de la radiodifusión española. Para mí, y en un pedestal, es uno de mis referentes. ¡Maestro, la radio te añora!

«Carrusel Deportivo»: El relevo tranquilo

José Luis Arriaza es un torbellino ante el micrófono. Marca un ritmo sensacional a la narración, tal que creo que lleva incorporado un reloj en el cerebro. En la SER nunca se ocupó de la animación en “Carrusel Deportivo”, aunque le hubiera encantado; pero sí lo hizo en “Tiempo de Juego”, en la cadena Cope. Más tarde, ya de regreso en la SER, y conmigo en Radio Madrid FM, se encargó de animar el “Carrusel Deportivo Madrid”, que se emitía para todo el Circuito Regional de Madrid, y presentó Javier Lalaguna primero y Manu Martín después, hasta que Antonio García Ferreras decidió suprimirlo de la antena. Cuando Paco González y Pepe Domingo Castaño cambiaron de aires en la radio, a los directivos de la SER se les planteó un grave problema: ¿quién? ¿quiénes? El llamado fue Javier Hoyos, profesional de la información, radicado en Bilbao por aquel entonces, que tuvo que hacer frente, con millones de oídos puestos en él, al programa más longevo del deporte en la radio. Un papelón. Pero, ¿a quién situar a su lado para que venda la publicidad? Yo lo hubiera tenido muy claro: José Luis Arriaza, el heredero natural, el continuador de una saga de grandes animadores surgidos de la Escuela de Radio Madrid, como Prat y Castaño. Pero los directivos de la SER quisieron dar el volantazo completo y romper con una manera de hacer, clásica, que, pese a quien pese, se había convertido en una marca del “Carrusel”. El elegido fue mi también compañero, y amigo, Juanma Ortega, que pertenece a otra generación y del que, si me piden que destaque su gran fortaleza, no lo dudo: su poderosa creatividad y el dominio del lenguaje radiofónico.

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