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Una fortaleza medieval como inmueble. Por Javier Lima Estévez

En múltiples lugares de Canarias se sitúan diversos castillos que antaño fueron utilizados como defensa ante los ataques que las Islas podían sufrir a consecuencia fundamentalmente de los piratas. Los castillos fueron desde los primeros momentos de la Conquista, bastiones muy simples en forma de torreón cilíndrico o poligonal. El sistema constructivo se basaba en la utilización de grandes sillares calzados con lajas. La Torre del Conde, en La Gomera, es la más importante y antigua de estas edificaciones.    

En Tenerife, sorprenden toda una serie de estructuras que se conservan como recuerdo de un pasado no tan lejano, existiendo múltiples ejemplos de ello: el castillo de San Felipe en el Puerto de la Cruz, el Castillo de San Miguel en Garachico, el Castillo de San Andrés en Santa Cruz de Tenerife,etc.    

Curiosamente, en plena entrada del municipio de Los Realejos, en la Carretera General del Norte nº 1, es posible observar una edificación que sorprende por su forma arquitectónica, que en cierto modo, se puede llegar a asemejar a los castillos medievales del norte de Europa a través de una arquitectura que resulta atípica. La finalidad del mismo no fue ni mucho menos la defensa del municipio, pues fue construido para uso exclusivamente residencial. La historia del mismo aparece ligada a la figura de Luis Renshaw, quien a modo de capricho ideó tal proyecto, aunque curiosamente nunca lo llegó a habitar.

El Castillo sería adquirido el 23 de marzo de 1878 por el músico inglés Robert Holford Macdowall, quien vivió en tal espacio junto a su mayordomo Cecil Bisshopp, así como dos sirvientes, aislados de la comunidad inglesa que se encontraba en núcleos próximos como La Orotava o el Puerto de la Cruz. Tras la muerte de Robert Holford Macdowall el 7 de agosto de 1912, todas sus posesiones fueron heredadas por el mayordomo Cesil Bisshopp. En 1960, los hijos de éste vendieron el castillo a Fernando Weyler, quien fuera pintor y profesor de la escuela de Bellas Artes de Madrid, quien vivió en el castillo hasta 1976. Finalmente, a partir de 1980 tal espacio fue abierto como Museo sobre la Historia y la Cultura de Canarias.

La vivienda posee cuatro accesos, uno por cada fachada. El acceso principal al castillo se puede realizar a través de la fachada principal, y se accede a el a través de una escalera de un tramo de 3 peldaños en forma piramidal. Los peldaños son de piedra natural (losas chasneras) al igual que todos los accesos de las restantes fachadas. La fachada principal está flanqueada por dos torres circulares almenadas, con ventanas. En el tramo inferior contrastan dos ventanas que iluminaban el interior de dicho espacio, mientras que en la planta superior podemos observar una ventana. La parte central de dicha fachada está compuesta por tres ventanas en la parte superior y dos en la parte inferior situadas a los lados de la puerta principal. Las otras fachadas del edificio se encuentran en un excelente estado de conservación.

La importancia del inmueble radica en constituir una de las primeras expresiones de la influencia británica en Los Realejos. El encanto del lugar se funde con la maravilla del entorno, ante un espacio que transporta al visitante que se acerca hasta al lugar a una época medieval a través del eclecticismo historicista que representa tal espacio, desconocido para muchos en la Villa de Los Realejos. Un espacio que debe ser cuidado y respetado al constituir una notable huella del tímido comienzo de la ocupación británica en el lugar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  • astillo lo financió Luis Pablo Renshaw de Orea y Ascanio, en 1887, terminando el Castillo en 1900. Publicó su venta en el periódico Tenerife New, en donde fue fundador. En dicho Castillo tuvo lugar la boda de su hermana en 1900.