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El Bar de Pepe. Razones para no votar Europa (II). Por Joaquín Hernández

La verdad es que a los parroquianos del Bar de Pepe incluido el dueño, les importa cuarenta pepinos murcianos lo que pasa más allá de los Pirineos, excepto cuando Bruselas emite las órdenes a Rajoy para joder aun más al personal.

En el primer viaje que hice a Londres (año 1.981) comprendí que siempre existirían las clases en el tren europeo. Al llegar a Heathrow me encontré con tres aduanas bien definidas: Ciudadanos de la Comunidad Europea, Ciudadanos de la Commonwealth y Resto del Mundo.

Mientras la entrada de aduanas de los residentes de la Europa Comunitaria era fluida, la cola para la entrada de ciudadanos del Reino Unido de 3ª categoría era larguísima y no les cuento las dos horas de espera que tuvimos que pasar todos los españoles aquella tarde de setiembre de 1.981.

Los ingleses, muy suyos ellos, saben muy bien  que no se pueden fiar de los alemanes, a la mínima le montan un sirio y quieren invadir las islas de su Graciosa Majestad, precisamente por ese temor no quisieron saber nada del “euro” y continuaron en el vagón de 1ª especial del tren de la Unión Europea con su libra esterlina. Gracias a esta “premisa” la Sra. Merkel, apodada cordialmente “Heil Merkel”, no ha podido poner sus ojos en la ansiada United Kingdom, ni rescate, ni troika, ni salchichas Franfurt con chucrut.

Los ingleses, que hace siglos  no se fían de los sajones y prueba de ello fue la peineta que le hizo David Cameron a la descendiente de Hitler al salir de una reunión del club de los 8 cuando Merkel insistía en que debía de aportar 30 mil millones de libras esterlinas para salvar los bancos de Italia, España, Grecia, Portugal e Islandia, saben muy bien  que en cuanto se descuiden  los germanos se la montan pirula y están siempre en guardia y con los radares dispuestos para detectar el más mínimo movimiento de fichas en el tablero europeo.

El tren de la Unión de Europeos está en marcha con distintas clases y categorías, en primera especial viajan Alemania, Inglaterra y Francia, en segunda los países nórdicos, en tercera Italia, España, y en el vagón de cola Grecia, Portugal y el resto.

El show bussines está clarísimo;  para que vivan muy bien los de primera especial, y bien los de segunda clase, los restantes tenemos que pasarlas canutas. Todo esto se pude decir con un lenguaje técnico y menos superficial, pero al final la conclusión sería la misma.

La crisis que estamos padeciendo más de 6 años, no es fruto de una burbuja financiera, ni siquiera dentro del marco energético y el precio barril de petróleo, nada de eso. La crisis se ha estado planificando y planeando como un “plan de guerra” invasivo no letal, sin ataques relámpagos, sin tanques ni misiles. Se ha ido avanzando poco a poco, con todas las piezas del puzle encajándolas una a una, con espías infiltrados en todos los gobiernos, engodándonos, cebándonos poco a poco hasta estar dormidos y embelesados por el sonido de la oda a la alegría (an die freude, en alemán, escrita por Frederich von Schiller en 1.785 y compuesta por Ludwig van Beethoven) nos dejábamos llevar bailando en un escenario de vino y rosas.

El sueño llegó a su fin y ahora nos toca pagar con nuestra esclavitud esos días de vino y rosas.

Muchas son las razones para no votar Europa el próximo mes de mayo, una de ellas es demostrar a Heil Merkel que aun no estamos conquistados, que aun invadidos podemos mostrar nuestro rechazo a una política de lo absurdo empobreciendo los pueblos de esa Europa que creíamos solidaria y que ahora se nos antoja invasora.

Salarios del miedo, muy por debajo de la media de los países del vagón de primera especial, donde se persigue al trabajador con leyes de reformas laborales, que priman a las empresas facilitando despidos y flexionando la contratación laboral con contratos leoninos y miserables que esclavizan aun más al trabajador. Nos sobran los motivos para NO  VOTAR EUROPA.

 

 

 

 

 

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