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Caídos del suelo, una novela de Ramón Betancor. Por Eduardo García Rojas

Sentí un deseo tan intenso por sumergirme en su sexo que me llegó a doler el aliento. Durante unos segundos, todos los colchones de mi vida pasaron ante mis ojos, pero no recordé haber percibido antes, en otras pieles y otros besos, algo parecido. Porque ahora solo quería deslizarme por su piel, que era la piel de todas las mujeres del mundo. Las que fueron y las que ya no serían. Esconderme en cada esquina de su cuerpo y de su alma sin más límite que el borde de aquella pequeña cama en un pequeño camarote de un pequeño velero fondeado en una pequeña isla de un archipiélago pequeño. Muchas pequeñas cosas y cosas pequeñas que se hacían gigantes dentro de mi y que en aquel instante no era capaz de entender.”

(Caídos del suelo. La noche que cambió nuestros días, Ramón Betancor. Colección Narrativa, Baile del Sol Ediciones)

Ramón Betancor ha escrito, creo que sabiéndolo, esa novela –Caídos del suelo. La noche que cambió nuestros días– que todo aspirante a escritor querría haber escrito. Encuentro muchos puntos en contacto, y también singulares obsesiones, con Yo debería estar muerto (colección G21: Narrativa Canaria Actual) de Santiago Gil.

Los protagonistas de ambas historias son escritores en la sombra que sueñan con publicar y que su obra resulte un éxito de ventas. Aspiran en definitiva a vivir y a ser reconocido por sus libros, solo que en el caso de Mario Rojas, el protagonista de Caídos del suelo, la fama implica vacío, a un vivir sin vivir en mí.

Y para elaborarlo, la novela de Betancor propone una extraña y ambiciosa combinación de géneros.

Tiene rastro fantástico, también de novela de suspense y criminal, así como la creación de una ambiciosa organización que mueve los hilos en la sombra y que decide quién puede alcanzar el éxito y quién no. El Clan, la conocen sus iniciados. Un poder en la oscuridad que deshace en pedazos cualquier teoría sobre el azar.

La clave de Caídos del suelo descansa así en esta discreta sociedad y en cómo absorbe a un aspirante a escritor. El relato de su largo –la novela consta de más cuatrocientas páginas– proceso de redentora aniquilación. Comenzando por el descubrimiento repentino que todo lo que se escribe no es sino una mentira que si sirve para algo es para hinchar el ego del escritor.

Ramón Betancor cuenta más cosas.

Y describe, a veces con lentitud, que todo cuanto vemos puede ser distinto.

Estimo, no obstante, su escéptico mensaje pero no sé cómo lo desarrollará en las otras dos novelas que, al parecer, forma con Caídos del suelo una trilogía donde no existe Tierra Media.

Caídos del suelo es una novela desconcertante, que sabe transmitir en ocasiones emociones, pero que no termina de cerrar el círculo. A veces, incluso, se complica demasiado.

Pero pese a sus contras, la novela revela a un autor preocupado por hacer legible su ficción alternativa.

Y lo consigue al mantener el pulso. Ese mismo pulso que enciende el interés del lector para conocer esa otra realidad en la que todo lo que te rodea cambia y parece querer abandonarte.

Como relato de un largo y complejo proceso de iniciación, Caídos del suelo tiene gancho al sostener su credibilidad. Resulta, en este sentido además, un texto sincero, que quiere huir de imposturas. Es una novela bien escrita, que maneja los resortes del suspense como elementos a través del cual navegar por el relato.

Y su resultado final es bueno, aunque no tan bueno como, a mi juicio, tendría que haberle salido.

Deja, entre otras, la sensación  de que Caídos del cielo pedía criba.

Cribar no significa reformular, solo podar capítulos que poco aportan a esta especie de diario de un autor que se rebela contra el mundo.

Con todo, es un título apreciable por llamativo.

Por distinto en la actual literatura que se escribe en este país y en esta comunidad autónoma que es Canarias.

Es un libro que esconde mensaje en el interior de su botella.

Esa misma botella que flota en el mar hasta que la marea la arrastra a la costa.

Saludos, rodando otra vez, desde este lado del ordenador.

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