FIRMAS Salvador García

Treinta y cinco años de una fecha histórica. Por Salvador García Llanos

Apenas se echan de menos las celebraciones de los primeros aniversarios, las que con toda modestia trataban de proporcionar un aire popular al significado de la fecha. Pero tenían su valor. Concursos de dibujo, de redacción, montajes escénicos, conferencias, hasta verbenas… El caso era que había que identificarse con la Constitución, uno de los hitos de la moderna historia de España. Y en aquellos años, cualquier cosa, mínimamente bien pensada y ejecutada, valía. Con el curso del tiempo, aquellas iniciativas dejaron paso a otras acaso menos participativas y empezaron a quedar circunscritas a ámbitos estrictamente institucionales. Ni siquiera se llevaban a cabo en la misma fecha del aniversario. Y es que el carácter festivo se apoderó de todo, no digamos si encajaba cómodamente en el almanaque. 6 de diciembre, fiesta y punto. Viaje o cualquier otra forma de asueto.

Y así, progresivamente, se perdió el ánimo de conmemorar la aprobación por el pueblo español de la Constitución de 1978.
Luego, en plena fase de desafección hacia la política en general, hay que conceder la importancia que merece este nuevo 6 de diciembre, treinta y cinco años cumplidos de la histórica fecha. Hay que madurar y perfeccionar los valores constitucionales. Convenimos, desde luego, en que hay que actualizar la Constitución para que siga siendo una referencia primordial en nuestra convivencia, para que siga siendo respetada y tan útil como hasta ahora.
En ese sentido, es necesario acometer una revisión de la Cartamagna con una clara voluntad constructiva de soluciones a los problemas y las demandas de la ciudadanía. Y sobre todo, de fortalecer la unidad en la diversidad, porque esto es lo que consagra el texto constitucional. No es descabellada, por tanto, la idea de un modelo federal para seguir juntos. Para seguir respetando la identidad de las distintas comunidades, sus singularidades, sus hechos diferenciales, su institucionalidad… Y por supuesto, para asegurar la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de sus derechos sociales básicos.
La experiencia acumulada y la visión de futuro serán determinantes para afrontar esa reforma, del alcance que sea. Las exigencias de la sociedad de nuestros días y sus expectativas para superar las dificultades de un ciclo crítico obligan a un ejercicio de predisposición política y tolerancia. Sobre todo, para preservar lo que junto, entre todos, hemos logrado.

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