FIRMAS

Un modelo responsable que no tiene marcha atrás. Por Paulino Rivero

Canarias está avanzando con paso firme en su apuesta por un modelo económico y energético responsable, inteligente y sostenible; una apuesta de futuro que no tiene marcha atrás porque, entre otras razones, está en clara sintonía con las conclusiones de los principales expertos -a escala internacional y local- en economía, energía, turismo o ciencia.

Canarias tiene un plan. Nuestra sociedad cuenta con un plan estratégico que se fundamenta en los pilares del desarrollo sostenible, y ese y no otro es el camino porque queremos una Canarias próspera, perfectamente integrada en la tendencia global en aspectos como la protección del medio ambiente, el consumo responsable, la apuesta por las energías limpias, la diversificación y la internacionalización de la economía, la excelencia y el impulso de las nuevas tecnologías; en definitiva, una defensa de lo que se ha dado en llamar ‘economía verde’ o ‘economía azul’.

Nuestra apuesta está sólidamente fundamentada. El debate que sobre los modelos de desarrollo para el siglo XXI se lleva produciendo desde hace años en los principales foros mundiales se decanta, cada vez con mayor claridad y contundencia, por la aceptación de que el ritmo de devastación del territorio es insostenible; que los combustibles fósiles, con el petróleo como máximo exponente, están no sólo prácticamente agotados sino que constituyen un peligro de primer orden para el planeta; que hay que poner coto a las emisiones contaminantes o, entre otras prioridades, que deben buscarse fórmulas para garantizar el suministro de agua potable. En definitiva, las voces más cualificadas animan a impulsar modelos económicos y energéticos responsables (PDF).

La propia Unión Europea está inmersa desde hace años en un proceso -lento si queremos, pero imparable- que definirá su modelo económico para las décadas venideras; un modelo que no es otro que el acabo de exponer, y con el que Canarias se siente plenamente identificada.

Estamos a las puertas de lo que Jeremy Rifkin denomina ‘La Tercera Revolución Industrial’, la adecuación de nuestro modelo productivo a los retos, logros y exigencias del siglo XXI.

Lamentablemente hay quienes, entregados al interés de una multinacional, quieren condenar a Canarias a caminar hacia los problemas y no hacia las soluciones, dando así la espalda al modelo de futuro por el que la inmensa mayoría estamos trabajando. Hay quienes, bien por un erróneo análisis de la realidad, bien por su defensa de intereses muy concretos, pretenden hipotecar el necesario cambio de modelo aunque el precio sea el deterioro irrecuperable de las condiciones de vida.

Pero Canarias tiene muy bien definida su hoja de ruta. Entre otros motivos, porque somos mayoría quienes entendemos que, a diferencia de lo que quizá pueda ocurrir en otros territorios, la naturaleza es nuestra mejor aliada como base para una economía llamada a perdurar en el tiempo, generadora de empleo, innovadora y sostenible.

Canarias, al igual que la UE, se ha trazado tres líneas estratégicas para el futuro inmediato, con su horizonte en el año 2020: las que contemplan un crecimiento inteligente, sostenible e integrador.

En este reto juegan un papel significativo las energías renovables. A escala industrial, con aquellas empresas e investigadores que trabajan en la producción de energía a media y gran escala; y a nivel doméstico, con el autoconsumo como piedra angular de ese cambio de modelo.

Por eso, cabe hacer nuestras las reivindicaciones de la Asociación Canaria de Energías Renovables al exigir la eliminación de todas aquellas barreras impuestas por el Gobierno del PP impidiendo el despegue definitivo de este sector en nuestras islas.

El Ministerio de Industria admite que generar electricidad en Canarias resulta más barato con renovables que con la convencional, pero reduce los cupos para instalar aerogeneradores, manteniendo a las Islas a la cola del Estado en potencia eólica instalada -se recorta un 45% los megavatios autorizados en la nueva ley y se limita el número de años de garantía en las retribuciones-.

A la vista está, una vez más el Gobierno de España dice una cosa y se hace la contraria.

Tal y como expone la propia asociación, generar electricidad por la vía convencional en estos momentos cuesta en Canarias unos 230 euros por megavatio-hora, mientras que con las renovables el coste se situaría en 89 euros por megavatio-hora, con todo lo que esto supondría de ahorro en los bolsillos de los canarios –más aún con los sucesivos incrementos de la factura eléctrica que el Ministerio viene imponiendo-.

Cierto es que el reciente acuerdo para resolver el problema de las primas resulta positivo; pero, por un lado, llega con años de retraso y de reivindicaciones no atendidas y, por otro, no se puede quedar ahí, es preciso continuar con el despliegue.

En este sentido, resulta una muy mala noticia la negativa de Fomento a cambiar de lugar las balizas de control del tráfico aéreo en Gando, lo que afecta al despliegue de 14 de los 15 parques eólicos proyectados en el sureste grancanario. Una decisión que pone en riesgo una inversión de 118 millones de euros y cerca de 600 puestos de trabajo y que esperamos pueda ser reconducida mañana mismo, en la reunión que mantendrá nuestra consejera de Industria en Madrid.

Canarias es una fuente inmensa de materia prima para las energías alternativas -sol, viento, mar-. Ahí tenemos nuestro presente y futuro.

Los combustibles fósiles son el pasado. Mientras otros viajan a ese pasado, la responsabilidad de mi Gobierno y de las instituciones es sentar las bases de un modelo que, desde la responsabilidad y la sostenibilidad, garantice un futuro para esta tierra.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario