FIRMAS

El bar de Pepe. La Libertad. Por Joaquín Hernández

En una reunión con los críticos mencheviques del poder bolchevique en 1920, Lenin contestó a la afirmación de uno de estos críticos (“Camaradas bolcheviques, ya que desde antes de la Revolución y la toma del poder ustedes hablaban a favor de la democracia y la libertad, sean tan amables de permitirnos publicar una crítica de vuestras medidas de gobierno”) de esta manera: “Por supuesto, caballeros, tienen toda la libertad de publicar su crítica –pero, entonces, sean tan amables de permitirnos alinearlos contra la pared y fusilarlos.”

Así es como el leninismo contemplaba la libertad de expresión, no “la bolsa o la vida” más bien “la crítica o la vida”.

La Constitución Española en sus primeros artículos destaca como Derechos Fundamentales, los mismos derechos que intenta prohibir el Gobierno de Mariano Rajoy; la libertad de expresión, el derecho a reunión y manifestación. Estos derechos de todos los españoles constituyen, tal como lo expresa el Tribunal Constitucional, “un cauce del principio democrático participativo”.

 Mariano Rajoy, al igual que Lenin se preguntaba, “Libertad, sí. Pero ¿librarse de quién? ¿Para hacer qué?”. Para el Gobierno de Mariano Rajoy (nunca digo el Gobierno de España) la libertad para criticarle implica efectivamente la libertad para debilitar al gobierno de la Troika y el capitalismo salvaje, por lo tanto él define subjetivamente “de quien se quiere librar y que es lo que  pretende” la crítica en las reuniones o manifestaciones de los ciudadanos.  El aparente ´objetivismo´ (el centro del ´significado objetivo´) es la forma de aparición de su opuesto, el puro subjetivismo: Yo decido lo que tus actos significan objetivamente, dado que yo defino el contexto de la situación (por ejemplo, si concibo mi poder como la expresión inmediata, el equivalente directo del poder del neoliberalismo, entonces cualquiera que se me oponga es ´objetivamente´ un enemigo del capitalismo carroñero).

El 21 de febrero de 1992 entraba en vigor la famosa Ley Corcuera sobre protección de la Seguridad Ciudadana, también llamada “Ley de la patada en la puerta” que el Tribunal Constitucional anuló por vulnerar el derecho a la invulnerabilidad del domicilio. Veintiún años después Rajoy y sus secuaces vuelven a la carga con nuevas leyes que limitan la libertad de expresión y reunión de los ciudadanos de forma flagrante y donde más duele, en el bolsillo. Un texto redactado en paralelo a la reforma del Código Penal y que pretende compensar la eliminación de la mayoría de las infracciones penales tipificadas como faltas, que con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana pasarían a considerarse infracciones administrativas de carácter muy grave, grave o leve. No se trata de sancionar más, según fuentes del Ministerio del Interior, sino de reducir el margen de discrecionalidad a la hora del reproche de una conducta ilícita y llenar el limbo jurídico de actos «nuevos», como el escrache, o de aquellos que dejará fuera el nuevo Código Penal.

Fijémonos en la sutiliza con la que se quiere enmascarar la perdida de libertades y derechos fundamentales, la palabra “discrecionalidad” significa que, pongamos por ejemplo, en una manifestación un policía le va dando samanta paliza con el bate, rompiéndole los huesos y el alma, usted en un  momento de dolor manifiesto y rabia incontrolada le grita:

        – “¡No me pegues más, hijo de la gran puta!”

 Además de ir al hospital, tendrá que abonar una multa que oscila entre los 1.001 euros a los 30.000. Pero si le da por reunirse en las puertas del Congreso o  Senado, hacer una sentada en la Plaza Mayor, si se te ocurre “escrachear” a un político a la salida de su domicilio llamándole “chorizote”, entonces la multa se dispara desde los 30.001 euros a los 600.000.

Esta “discrecionalidad” acabará con las reuniones, manifestaciones y asambleas publicas y más aun con el hecho de abuchear a un personaje político o miembro de la Casa Real, salvo que quieras estar embargado toda tu vida para pagar la sanción impuesta. Aquí no se habla del paredón ni de cara a la pared y un pelotón de fusilamiento como en tiempos de Lenin, se trata de joderte la vida para siempre, eso sí “discrecionalmente” tratan de eliminar cualquier protesta o reivindicación del pueblo, ese que groseramente  dicen que es “soberano”.

 ¡Manda cojones!

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