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JFK, caso abierto. Por Ramón Alemán

He estado leyendo con gran interés el especial que el periódico digital El Mundo le dedica al cincuenta aniversario del asesinato de John Fitzgerald Kennedy y me ha llamado la atención el hecho de que en el reportaje que abre el suplemento se da por sentado, como hizo la Comisión Warren, que el único que apretó el gatillo aquel 22 de noviembre de 1963 fue Lee Harvey Oswald. En cambio, no me ha resultado nada sorprendente que en buena parte de los textos se refieran al carismático presidente de Estados Unidos con tres letras que han entrado en la historia: JFK. Esta secuencia gráfica es tan célebre como la famosa foto del Che Guevara o las gafas redondas de John Lennon, así que es lógico que nadie se pare a pensar que en español parece más apropiado escribir las tres letras de otra manera; con puntos y con espacios. Así: J. F. K.

¿Qué es una abreviatura? Según la nueva Ortografía de la lengua española (Espasa), de la Real Academia Española, se trata de «la representación gráfica reducida de una palabra o grupo de palabras, obtenida por eliminación de algunas de las letras o sílabas de su escritura completa». ¿Se pueden abreviar los nombres propios de persona? Sí. El mismo manual señala que «en la tradición española, las iniciales de los antropónimos son abreviaturas de pleno derecho que se forman por truncamiento extremo». Qué palabras tan raras, ¿no? Bueno, ‘antropónimo’ significa precisamente ‘nombre propio de persona’ y un truncamiento extremo es el fenómeno por el cual una abreviatura está formada solo por la letra inicial de la voz que queremos abreviar.

Sigamos. ¿Es necesario el punto en las abreviaturas? Sí, aunque a veces se sustituye por una barra, pero esto no es muy habitual. También es preciso añadir un espacio después del punto abreviativo, como haríamos al final de la palabra completa. Con esta información podemos decir que en nuestro idioma el modo correcto de hacer la abreviatura del antropónimo ‘John Fitzgerald Kennedy’ es la siguiente: ‘J. F. K.’.

Hay que aclarar, no obstante, que la propia Ortografía académica se muestra tolerante con la eliminación de los puntos y los espacios, o al menos no la condena. Más bien se limita a describir este uso, que no es propio del español. Esto es lo que dice la RAE: «Es costumbre imitada de otras lenguas, como el inglés, escribir las iniciales de los antropónimos sin punto [y sin espacio, añado yo] y leerlos como siglas, deletreando sus componentes». Y pone como ejemplo precisamente el famoso ‘JFK’.

¿Por qué hace la Academia tal puntualización sobre la forma de leer estas abreviaturas? Porque lo correcto en realidad es desarrollar en la lectura lo que en papel –o en pantalla– vemos como una «reducción meramente gráfica». Por ejemplo, si yo escribo ‘Vi a D. José’, al leerlo debo decir ‘Vi a don José’. Sin embargo, cuando yo veo ‘JFK’ no digo ‘John Fitzgerald Kennedy’, sino ‘jota efe ka’.

Como ustedes comprenderán, no me voy a quedar con las ganas de decirles qué opina de todo esto el gran ortógrafo José Martínez de Sousa. En su Ortografía y ortotipografía del español actual (Ediciones Trea), don José llama ‘criptónimo’ a esta manera de abreviar el nombre propio y el apellido (o apellidos) de una persona, pero aclara que eso de llamar a alguien por sus iniciales «no es corriente en España», aunque sí en Norteamérica, donde «se aplica especialmente a personajes políticos».

Sousa describe las cuatro formas más habituales de ver escritos los criptónimos: con puntos y espacios (‘J. F. K.’), con puntos y sin espacios (‘J.F.K.’), sin puntos y sin espacios (‘JFK’) y sin puntos, pero con espacios (‘J F K’). De todas estas fórmulas, el autor citado solo considera válidas en español la primera y la tercera, pero especialmente la primera, pues es la única que respeta –al emplear puntos y espacios– la condición de abreviaturas de las letras que componen el criptónimo.

Me quedo con la impresión de que, tal y como parece aceptar la Academia en su Ortografía, a veces no sirve de nada luchar contra el más poderoso, en este caso Estados Unidos. Y de la misma manera que reconocemos que la coca-cola es mucho más famosa que nuestro tinto de verano, también tendremos que asumir que la grafía ‘JFK’ gana por goleada a nuestra españolísima ‘J. F. K.’. Aunque, pensándolo bien, hasta el más poderoso es susceptible de ser vencido, por las buenas o por las malas. Que se lo pregunten a los Kennedy.

P. D.: Como era de esperar, el diccionario de la RAE no recoge los usos que yo les he dado aquí a las palabras ‘especial’ y ‘suplemento’. La primera solo la considera apropiada para radio y televisión, y la segunda, para periódicos y revistas editados en papel. Pero estoy seguro de que ustedes me entendieron, así que olvidémonos por esta vez de la Academia y démosle tiempo.

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