FIRMAS Juan Velarde

Huelga de basuras: Una Botella no retornable. Por Juan Velarde

La basura inunda las calles de Madrid. Diez días sin que nadie sea capaz de ponerle freno a un despropósito que va más allá de las reivindicaciones laborales. Estamos ante una cuestión de salubridad pública, pero eso a las partes no parece importarle lo más mínimo. Aquí lo que cuenta es que los piquetes sindicalistas destrocen contenedores y esparzan la porquería y que la alcaldesa, Ana Botella (no retornable), siga en sus trece de no ofrecer una vía dialogada al conflicto. Todo se hará conforme a sus ‘reales y municipales’ instintos, que no son más que la inflexibilidad y la terquedad por norma (supongo que también algo de escuela lleva siendo la esposa de José María Aznar).

Menos mal que la capital de España ansiaba unos Juegos Olímpicos, menos mal que estábamos preparados para recibir a cientos de países para la gran cita deportiva del año… porque, de lo contrario, no sé qué íbamos a poder hacer en esta ciudad. Resulta que nos sobraba dinero para organizar el gran evento deportivo por excelencia, pero no tenemos pasta para solventar el conflicto de la limpieza. Dicen que sobra personal, que cobran mucho y no sé que otras excusas. Tal vez, señora alcaldesa, va siendo hora de mirarse el ombligo y sobre todo salir del gran palacete gallardoniano. Tal vez, digo yo, lo que no cuadran son las cuentas de tener la sede principal del Ayuntamiento en un edificio que debe suponer un gasto fino sólo en materia de electricidad. ¿Por qué mantiene usted este derroche?

Cualquier ciudad, municipio o pedanía merecen brillar y estar limpias como una patena, pero si encima hablamos de la capital de una nación, puerta de entrada además de millones y millones de visitantes…pues mucho más. La puerta de entrada de tu casa debe relucir como un espejo, pero en el caso de Madrid la mierda (con perdón) no deja ver absolutamente nada.

Aquí las culpas hay que repartirlas, insisto, entre unos sindicatos que se han puesto el mundo por montera y creen que todo el monte (y los contenedores) son orégano y una alcaldesa, Ana Botella, incapaz de ponerse en los pies de los sufridos ciudadanos que ya empiezan a notar el hedor en sus calles (y a Dios gracias que no estamos en verano, porque los efectos serían más nocivos). Eso sí, o mucho me equivoco o la huelga de la basura ‘limpiará’ de la alcaldía a Ana Botella, que tendrá así más tiempo para un relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor (si es que para entonces han dejado adecentado ese histórico lugar).

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