FIRMAS

Periodistas. Por Rocío Celis

Pisé un estudio de radio por primera vez con quince años. Me llevó mi amigo Fran Moreno, un enamorado del medio, convertido hoy en un competente profesional de la televisión en España. Lo mío por la radio no fue un flechazo. Fue más bien un amor creciente, fruto de un descubrimiento pausado, gradual, consecuencia de aquellas primeras visitas por casualidad. Más tarde llegó también la experiencia en la tele y alguna que otra colaboración en la prensa.

En los primeros años trabajé durante jornadas interminables y me convertí en la sombra de algunos de los veteranos periodistas, tratando de aprender la tarea. Lito Mesa fue el director que confió en mis posibilidades. Hortensia Fernández quien corrigió mis primeras crónicas. En las ruedas de prensa estaba atenta a las preguntas de Salvador Lachica, Carmen Merino, Cándida Carballo, y otros muchos, para saber por dónde iba, en realidad, lo interesante de la comparecencia. Me empapé de columnas de opinión, entre las cuales, las de Leopoldo Fernández y Jorge Bethencourt, tenían para mí un peso específico. Seguía de cerca a la competencia, con Juan Carlos Mateu, muy bien equipada y eficiente. Aún conservo entre mis apuntes, ideas que les oí o les leí. Mi hermana Amor suele decir que nadie llega solo a ningún sitio. Creo que es así. Yo aprendí de mis compañeros y de mis compañeras, a los que hoy considero maestros. Luego, me fui aproximando más a mí misma. Y la experiencia, hizo el resto.

A estas alturas, he tenido tiempo de conocer la dulzura y la hiel de esta profesión. He vivido momentos de un periodismo valiente de preguntas incómodas, de narraciones trepidantes en acontecimientos extraordinarios, de emisiones ininterrumpidas exigidas por sucesos desgraciados. Un periodismo aliado con la verdad contrastada. De debates en mesas de edición, sin mayor afán que servir a la sociedad, en los que el director o el redactor jefe de turno, cubre la espalda de su equipo, aún a riesgo de jugarse el tipo.

Y he asistido también a la transformación de algunos perros guardianes, en perros de presa. Y las sugerencias fueron algo más que insinuaciones. Y las conformidades, algo más que consentimientos. Un periodismo de nadar y guardar la ropa. Un periodismo equivocado.

He disfrutado con lo primero y he sufrido con lo segundo.

He trabajado en medios de comunicación públicos y privados. He visto medios nacer y crear empleo, y he visto medios morir y destruirlo. He conocido periodistas involucrados, responsables, honestos. Y también periodistas indolentes, inconscientes, indecentes.

El periodismo, con sus luces y sombras, es un oficio tan mundano como cualquier otro, pero es imprescindible para la sociedad democrática. En circunstancias favorables, la forma de ser y estar del periodista es una elección personal de su conciencia. Sin embargo, cuando la realidad viene malencarada, esa elección soporta una presión infinita en forma de miedo. Una era digital que se impone veloz y exige reconversión, un paro que paga las consecuencias de pérdidas económicas, o una gestión que manipula la información, ponen a prueba hasta las mejores virtudes del periodismo.

No sé cuál será el futuro de los periodistas en medio de esta encrucijada. Lo que sí sé es que, sin periodistas comprometidos a los que se les deje trabajar, no hay futuro, no hay democracia, no hay formación, no hay cultura, no hay criterio ni opinión. No hay nada.

1 Comentario

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  • Cuánta razón tienes.
    Y qué tiempos aquellos que hacías los informativos con Fran Moreno, ¡¡Inolvidables!!