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El exterminio, una novela de Jim Thompson. Por Eduardo García Rojas

Se me quedó mirando como un ave hipnotizada por una serpiente. Los dientes le castañeaban. La rodeé con mis brazos y, con delicadeza, apreté mi boca contra la suya. Sonreí con ternura, con una expresión soñadora, mientras le acariciaba el pelo.

– Eso es todo lo que quiero, cariño –repetí–. Pero ahora dime qué es lo que tú quieres…

– Yo… Lo que quiero es ir a casa. Por favor, Bobbie. Es lo único que…

– Mira –dije–. Yo te quiero. Por ti estoy dispuesto a hacer lo que sea, y…

La besé, apreté su cuerpo contra el mío. Y sus labios seguían rígidos y sin vida, y su cuerpo era como el hielo. Y mi calidez se estaba esfumando. La vida y la resurrección me estaban abandonando.

– No seas así –dije. Te lo pido por favor… Lo único que quiero es amarte, y que tú me quieras también. Eso es todo. Solo un poco de ternura y de cariño y…

De pronto le clavé los dedos en los brazos. La zarandeé de tal forma que su estúpida cabezota por poco salió proyectada por los aires.”

(El exterminio, Jim Thompson. Colección: Autores Clásicos en Serie Negra, RBA, Traducción: Antonio Padilla)

A la memoria de Kossmeyer, Ralph Devore, Rags McGuire, Bobbie Ashtondoctor James Ashton, Marmaduke Goffy Gannder (el incompetente), Hattie, Luane Devore, Danny Lee, Henry Clay Williams, Myra Pavlov y Pete Pavlov.

Jim Thompson continúa siendo un escritor molesto. Tanto, que algunos se empeñan en desmontarlo por escribir con la velocidad de la luz. También por dipsómano y espíritu errante.

Thompson tuvo una vida repleta de giros siniestros. Caprichos del destino que dieron al traste con una probable y anodina existencia. Y esta mala suerte, esta condena de saberse un perdedor, se refleja en gran parte de sus novelas, la mayoría de ellas escritas por encargo, inspirándose en sinopsis que le entregaban sus editores, perros igual de callejeros que Jim Thompson.

El resultado son numerosos títulos, la mayoría esquizofrénicos, que se vendían como chorizos en unos tiempos donde la gente perdía el tiempo leyendo este tipo de literatura de y para pobres.

Claro que se les coló un comunista.

Jim Thompson.

Un escritor al servicio de la literatura industrial, esa que iba dirigida no a entusiastas con apetito intelectual sino a gente de la calle.

Esa gente que solo reclamaba en una novela sexo y violencia con la que purgar por un rato su anodina y grisácea existencia.

¿Quieren sexo y violencia?

Llamen a Jim Thompson.

Un comunista.

Las novelas de Jim Thompson han sido bastante traducidas en España. Es verdad que insistiendo en el mercado con dos de sus obras fundamentales, como son El asesino dentro de mi y 1.280 almas, pero del que se cuela también y de tanto en tanto algún nuevo título.

Y eso es una buena noticia.

El exterminio (The Kill-Off, 1957) es una novela en la que se intuye al Thompson que vendría a continuación de novelas tan salvajes como El asesino dentro de mí, En bruto y Un cuchillo en la mirada.

Jim Thompson explota en El exterminio muchos de los recursos que contribuyeron a poner en pie otras de sus novelas. Casi parece, de hecho, que es material que tenía guardado el escritor, historias posibles con las que ahora alambica un relato coral que siendo desigual en su resultado final, es muy completo para entender cuál era la opinión que tenía sobre sus semejantes.

El exterminio se desarrolla en Manduwoc, un pueblo costero venido a menos situado a unas pocas horas en tren de Nueva York. El último censo, escribe Thompson, “tenía 1.280 habitantes, y dudo que el número haya aumentado desde entonces”.

La historia está contada a través de doce personajes, once de ellos con razones suficientes para asesinar a Luane Devore.

Contado así, parece una novela de misterio de Agatha Christie. Claro que una historia en manos de Jim Thompson parece cualquier cosa menos una novela de misterio de Agatha Christie.

Los doce protagonistas de la novela –incluyendo a Luane Devore en la lista– si se caracterizan por algo es por resultar demasiado humanos. Y Jim Thompson les da voz a ese hatajo de majaras empleando la primera persona y sin distinción de clases, así que lo que menos importa de la historia es saber quién terminará por asesinar a la señora Devore sino conocer –desde dentro– las miserias y flaquezas que mueven a sus protagonistas, entre otros Bobby Ashton o Pete Pavlov.

Criaturas de Manduwoc.

Un pueblo chico, un infierno grande.

Lástima que las prisas por la entrega y cobrar el cheque repercuta en El exterminio, una novela que va en demasiadas direcciones y que por eso no sabe a redonda. En todo caso, la digiero como un experimento enfermo y terrorista.

Un experimento thompsoniano a través del cual reflejar –no juzgar– las flaquezas del alma humana.

¿El resultado?

El resultado es un cuadro abstracto. Un cuadro abstracto que con la firma de Jim Thompson golpea el mentón, castiga el hígado y machaca el estómago hasta que vomitas las entrañas.

Su retorcida y amarga crueldad deja k.o.

Te obliga a observar el mundo con doloroso y ácido sentido del humor.

Nunca le recuerdo que su ‘éxito’ tiene un asombroso parecido con el fracaso.”

Me preguntan por Jim Thompson…

¿El comunista?

Saludos, aquí y ahora, desde este lado del ordenador.

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