FIRMAS Juan Velarde

El autoengaño del PSOE y del PP con el CIS. Por Juan Velarde

Las encuestas del CIS valen lo que el partido de turno en el poder quiera que  valgan. Guste o no, quien paga, manda, y si ahora el PP, el partido en el poder,  dice que la diferencia entre la formación de Rajoy y la de Rubalcaba es de 7,2  puntos, pues nada, se cocinan los datos para que salga esa cifra favorable a  Génova 13. Pero es que al revés ha sido igual. Cuando estaba Zapatero en el  poder, el CIS fue proclive a los socialistas que, incluso en los peores tiempos,  nunca llegó a augurar un resultado como el que al final se produjo en las urnas.

Los hechos son así. Nadie con dos dedos de frente (al menos así lo creen nuestros dirigentes) va a dejar que los sondeos del CIS salgan sin un tamiz previo. Todos, sin excepción, buscan lo que buscan, que es un resultado favorable a sus intereses. Si ganan, quieren que haya mayor diferencia. Si es al final de una legislatura y se está tan sumamente desacreditado como la etapa última de Zapatero, que al menos la distancia se reduzca en las cocinas del CIS para no sufrir una doble humillación, la demoscópica y después la de las urnas.

Sin embargo, si alguien quisiera hacerle un homenaje a la verdad y a la honradez, debería de hacer dos cosas claras e irrefutables. Primeramente, la más lógica, echarle el candado al CIS y, en caso de no querer dejar en el paro a tanto encuestador y sociólogo, pues externalizar la empresa, quitarle el carácter público y que los que allí trabajan que pasen a ser empleados privados, sin tener encima la presión del aliento de los prebostes del partido de turno para que salgan los resultados más favorables al gobernante de la Moncloa.

Tal y como estamos ahora mismo, y ya que el partido de Rajoy está por la labor de no abandonar la tijera o la podadora, sería muy bueno que optase por desprenderse del CIS. Este organismo no tiene mayor utilidad y menos aún cuando saca unos números demoscópicos que, en buena lid, no se puede tragar nadie, no son resultados creíbles. Otra cosa es que traten de engañar a los ciudadanos, pero estos cada vez son más inteligentes y saben discriminar perfectamente lo que es una moto vieja de lo que no lo es. Y Rajoy, precisamente, no tiene dotes de gran vendedor, por mucha especia que le quiera echar a las encuestas.

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