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Primera sesión en el Cine Víctor. Por Eduardo García Rojas

INTRO

Reproducimos a continuación un texto que no encontramos a la entrada del Cine Víctor, en Santa Cruz de Tenerife. Como recordarán, el Cine reabrió como sala de pantalla única el viernes pasado, 1 de noviembre, y el sábado se estrenó oficialmente como Cine con Thor: el mundo oscuro (Alan Taylor, 2013), segunda entrega de la película sobre el legendario héroe del universo Marvel.

PRIMERA SESIÓN

“Tras la inauguración el Día de Todos los Santos, puedo escribir que en este domingo que ya se fue, ¡alabado sea el Señor!, veo mi primera película rodeado de público en el nuevo y “monumental” Cine Víctor.

Unos niños alucinan con esto de ver una película en la parte de arriba, mientras que en la de abajo se colocan los que van de iniciados.

En concreto, en la fila del pasillo donde pueden estirar las piernas y recuperar ese silencio que solo se da entre los que se reconocen sin saber nombres y apellidos.

Una chica, emocionada, le cuenta a otra la cantidad de recuerdos que guarda en su memoria de una sala que inicia su periplo con Thor: el mundo oscuro, que es una de súper héroes.

O arte y ensayo que incluye planetas que convergen, elfos que han abrazado el reverso tenebroso y el martillo del dios rubio y ario como la cerveza volando por los aires para desencadenar tormentas…

Una sensación extraña me atrapa cuando veo la primera, y espero que no última película taquillazo en el Víctor.

Mi Cine.

El Cine que continúa siendo el mismo aunque los tiempos no sean los mismos.

En sus entrañas recojo entre las manos un pedazo de vida que, irremediablemente, se ha ido por el sumidero de mi pequeña y provinciana historia.

Pero sé que mi fe mueve montañas porque nunca me gustó Thor.

Mi dosis Jack Kirby en los colorines no fue más allá de Kamandi.

Thor era un culebrón un poco idiota, como si el mensaje lo dictara el psicópata que lee a Nietzche en Un pez llamado Wanda.

No obstante, si comparo mi grado de evasión con el primer Thor y el segundo en el cine me como palabras y retrocedo gracias al Víctor –otra vez con la nostalgia– a las aleccionadoras sesiones de cine a las cuatro que devoré en ese mismo Cine hace mucho, muchísimo tiempo.

Thor: el mundo oscuro tiene batallas con escandalosos efectos especiales, prácticamente se destruye Greenwich (Londres) –se podría volver a ubicar en una tercera y cuarta película el Meridiano en la isla de El Hierro– y una épica de tebeo y cambio de escenarios que convencerá a los más ingenuos pero no sé si inocentes de la casa.

Yo cierro los ojos y casi me dejo dormir en la butaca de un Cine que considero por derecho propio, mío.

Es una luz que permanecía apagada y que de pronto se ha encendido para reconciliarme conmigo mismo.

El Víctor me sabe a victoria.

Recupero el rito.

Pagar la entrada en esa taquilla que no es otra cosa que una elegante garita.

Cruzar el pasillo y acompañar a los que vienen a que visiten la zona del bar y observen y toquen y palpen las viejas máquinas del Cine que se exponen.

A contar, a quien quiera escucharme, las batallitas que viví allí dentro.

A señalar, llevándome un dedo a los labios, la puerta que conduce a la misteriosa sala de proyección: el corazón del dinosaurio.

Un niño comenta, mientras coge un puñado de cotufas de un cubo XXL, “qué miedo.

Su miedo es como el que visita por primera vez un museo.

O una catedral o una mezquita mientras la revelación le dicta que el tiempo no existe.

PERO ANTES, POR LA MAÑANA

Me encuentro con un amigo mientras no deja de marearme la idea en la cabeza.

El puto tiempo.

Mi amigo dice: “ahora solo veo series de televisión del pasado”.

El túnel del tiempo, The Munster, Galería nocturna, La familia Adams

Juntos recordamos El prisionero, El fugitivo –con su prólogo, acto primero, acto segundo, acto tercero y epílogo–, La dimensión desconocida, con Rod Serling ejerciendo de maestro de ceremonia cigarrillo en mano para advertir al telespectador que van a viajar a los límites de la realidad…

Pero le digo que últimamente solo quiero ver comedia…

No sé, reírme de saber que solo soy una lágrima en la lluvia.”

Saludos, ¡¡¡Larga vida al Cine Víctor!!!, desde este lado del ordenador.

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