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Me hallará la muerte, una novela ‘caliente’ de Juan Manuel de Prada. Por Eduardo García Rojas

“También él en cierto modo, estaba de enhorabuena, aunque todo lo que ocurriese en su mascarada de vida, incluso las cosas más halagüeñas y liberadoras, se revestía inevitablemente con los harapos de la tristeza más miserable, como correspondía a quien no podía mantener más que relaciones superficiales o crudamente físicas, ni permitirse con sus semejantes más que un breve intercambio de palabras indiferentes o de excreciones igualmente de indiferentes”.

(Me hallará la muerte, Juan Manuel de Prada, Áncora y Delfín, Destino, 2012)

Juan Manuel de Prada es un escritor al que su compromiso se lo ha puesto difícil aunque aún disfruta de un éxito que le viene con su primera y escandalosa obra, aquel Coños que arrancó elogios del mismísimo Francisco Umbral.

Escribo que es un escritor al que su compromiso se lo ha puesto difícil porque se ha convertido –o mejor, lo han convertido con el paso de los años– en algo así como el niño mimado y terrible de cierta derecha española, lo que genera que el público alejado de esta corriente se enfrente así ante una nueva obra del escritor con prejuicios, lo que repercute en una serie de títulos que con otra mirada, digamos limpia y ajena a casposas reivindicaciones y reproches, tienen la capacidad de atrapar la atención si se superan –física y numantinamente– las primeras trescientas páginas de sus historias y la enfermiza tendencia del escritor por la palabra.

Me hallará la muerte es el último trabajo que se suma a su ya más que notable bibliografía. Un libro con título que para algunos enciende polémica –e ignoro si puesto a posta, es probable que sí– en el que el escritor, quizá cansado de ser el centro de la diana de una izquierda tan camaleónica como la nuestra, se muestra como excéntrico representante de una derecha tan camaleónica como la nuestra.

Al margen de la borrega política, Me hallará la muerte hay que leerla como lo es: una novela de aventuras que se desarrolla en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo XX, y en un Madrid que intenta salir adelante tras la Guerra Civil.

Al escritor le gustan las máscaras del héroe y en Me hallará la muerte propone un interesante aunque en exceso largo discurso sobre la suplantación de identidad.

La novela cuenta la historia de Antonio Expósito, un raterillo de poca monta que se enrola en la División Azul para escapar de la justicia. En el frente del Este, conocerá a un bravo saldado, un idealista falangista de nombre Gabriel, que es casi su gemelo, y tras ser capturados en los arrabales de Leningrado por el ejército rojo, compartir penurias en las cárceles soviéticas hasta su regreso a España en 1954, ya no como Antonio sino como el bravo Gabriel, con quien compartió su etapa de embajador en el infierno.

En contra de lo que pueda parecer, es la tercera parte del libro, la que se desarrolla en esa España que parece empieza a amanecer, lo mejor de una novela que imita el estilo de la época y en la que se radiografía las enfermizas taras y corruptelas que caracterizaron este país aquellos años.

Me hallará la muerte tiene así el encanto de una película de Rafael Gil o José Luis Sáenz de Heredia. Una historia en blanco y negro con hombres de bien y hombres de mal. De una España en la que medraban los aprovechados. Y caramba, a los dioses pongo por testigo que no hemos cambiado tanto.

Es una pena, no obstante, que Juan Manuel de Prada no profundice más en el conflicto moral que marca el carácter y el destino de su protagonista, y que lo que narra, a medida que se avanza en sus páginas, se haga cada vez más barroco e inverosímil, lo que lastra las pretensiones de una historia con posibles.

A pesar de ello y pese a sus fallos, pese a esa sensación que debería de haberla cribado más, Me hallará la muerte es una interesante novela histórica –en la que se mezcla lo bélico, lo policiaco, el romance– sobre uno de los periodos más oscuros de la sociedad española.

Una sociedad, por otro lado, tan necesitada de que le refresquen lo que fue y el porqué ha terminado por ser lo que es.

Saludos, fundimos a negro, desde este lado del ordenador.

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