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¡Larga vida al Cine Víctor! Por Eduardo García Rojas

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” (Augusto Monterroso)

No recuerdo cuándo fue la primera vez que entré en el Cine Víctor, ni la edad que tenía. Lo que sí tengo claro es que ese Cine fue la sala de Cine en unos tiempos donde la capital tinerfeña estaba regada de otros Cines. Más tarde aterrizaron las multisalas, el vídeo y después el dvd; ahora eso que llaman blu-ray y las descargas piratas…

La historia del Cine Víctor forma parte de la historia de esta pequeña ciudad de provincias en la que habito.

Cuando le llegó su primer y doloroso final como sala comercial, el Cabildo de Tenerife cogió el testigo y lo reabrió para proyectar otro cine.

Unos los llaman de autor.

También se proyectaron producciones canarias y ciclos organizados por la Filmoteca hasta que la crisis llamó a la puerta. Se acabó lo que se daba. El Cine Víctor, damas y caballeros, había muerto.

Más tarde operó como sala de conciertos y teatro, también para acoger mítines políticos que es una forma de hacer teatro. Pero no aguantó demasiado.

La segunda muerte del Cine Víctor parecía la definitiva.

Muerto y enterrado a perpetuidad como la zona de Santa Cruz de Tenerife en la que se ubica. Aunque aún respira el Kiosco de La Paz y El Imperial con sus magníficos bocadillos de pollo.

El Cine Víctor es memoria de una capital de provincias que tiene posibles. Un iluminado me dijo una vez que forma parte del mobiliario de una pequeña ciudad que debería de estar orgullosa de su origen bastardo y mestizo.

No sé si eso explica que durante un tiempo y en este mismo su blog no me cansara de repetir ¡No al cierre del Cine Víctor!

Y un viernes, 1 de noviembre, día de Todos los Santos (¿una coincidencia?) me trague mis palabras porque el Víctor, ¡milagro!, ha abierto.

Desde este sábado, 2 de noviembre, el Víctor funciona como Cine. Uno de los últimos de pantalla única que aún operan en Expaña.

Y me da viruje.

Son muchas las sensaciones que se agolpan en mi cabeza.

A partir de ahora viviré en una capital de provincias con una sala de Cine de Verdad.

¡Podré ver películas dentro del colosal vientre de un dinosaurio!

Los recuerdos se hacen paso en mi cabeza.

El portero Madelman en la puerta.

Esconderme en las butacas para que no me vieran comer pipas.

Ver no-sé-cuántas-veces Una noche en la ópera los domingos a las cuatro de la tarde en aquellas aleccionadoras sesiones de matiné.

A mi padre apartando con gesto de caballero al Madelman para entrar a ver Forajidos de leyenda. Quien les escribe no había cumplido aún los dieciocho años de edad.

Lo difícil que era agenciarte algunos de los carteles y pósteres de las películas…

Los carteles y pósteres que anunciaban próximos estrenos.

Y el intermedio a mitad del largometraje…

Por aquello de visite nuestro bar.

Aunque hoy hubo cóctel en el Cine Víctor.

Y risas, y odisea para acercarte a la barra, y conversaciones con gente a la que no veía en mil años…

El cine Víctor abre el ojo y sus fantasmas, que los tiene, están liberados.

Los saludé a casi todos ellos.

Me recuerdan todavía de la época del volveré

En cuanto al acto inaugural, al feliz nacimiento, resultó muy nuestro.

No se escucha al responsable del milagro, ni al presidente de la Cámara de Comercio, ni a la representante del Cabildo Insular ni al del Ayuntamiento –aunque este último no habla– porque no hay micrófono.

Sueltan sus palabras mientras en las filas de atrás y en la parte de arriba algunos se quejan con un sonoro¡no se oye!”

Luego el cóctel.

Y después del cóctel, Thor: el mundo oscuro, la primera película que inicia esta etapa del Víctor.

Pero, oh, madre de Dios hermoso, se escucha el ruido ambiente pero no lo que dicen sus protagonistas.

Es algo así como cine mudo pero en color.

Imaginen a Antonhy Hopkins en su papel de Odín moviendo la boca, creo que para censurar a Loky

Doy media vuelta y abandono la sala.

Demasiadas emociones…

Al levantarme de la butaca me fijo en un tipo disfrazado de Thor que mantiene los ojos clavados en la pantalla. No sé si lleva el martillo, pero ganas me dan de habérselo cogido mientras atravieso la Rambla.

Sin embargo, confío en que el guerrero de Asgard proteja al Cine Víctor.

Sus fantasmas se lo merecen y yo es como si despertara y el dinosaurio continuara allí.

– ¿Qué hay de nuevo, viejo?

– Ya ves, fumando espero.

Saludos, ¡larga vida al Cine Víctor!, desde este lado del ordenador.

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