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La torpeza del PP es un problema de Estado. Por Paulino Rivero

En algunos territorios del Estado están pasando cosas, y algunas de las cosas que están ocurriendo anuncian una reforma constitucional que nos coloca, especialmente en territorios como Canarias, ante una segunda transición.

Aunque el PP cierre los ojos, aunque pierda tiempo creyendo equivocadamente que lo está ganando, en España están pasando cosas y el presidente del Gobierno del Estado cae una y otra vez en la tentación de meter la cabeza debajo de la almohada. La inacción del Gobierno de España, a cuyos ojos la lealtad y la moderación lejos de  valorarse deben ser políticamente castigadas con el desdén, está provocando que se multiplique la tensión en cada vez más territorios del Estado.

La torpeza del PP está pasando factura a España. La torpeza del Gobierno del PP es un problema de Estado. Se equivocan quienes concluyen que el problema de Cataluña es un problema de los catalanes, que el problema de Euskadi es un problema de los vascos o que el problema de Canarias es un problema de los canarios. Cada territorio –especialmente los que he citado- pisan realidades singulares que exigen respuestas igualmente diferenciadas. Pero el problema lo tiene también España. Ni el problema de los catalanes es su problema, ni el de los vascos es su problema, ni el de los canarios es nuestro problema. Son problemas de todos, y entre todos debemos encontrar salidas.

Salidas o respuestas que parecen tocar a la puerta de una reforma de la Constitución para poner al día un modelo de Estado en el que, competencial y financieramente, cada vez más comunidades se sienten incómodas –también muchas de las que en estos momentos gobierna el PP-. Soluciones que exigen reconstruir los puentes por parte de un PP atrincherado en una mayoría absolutamente alejada de la calle, del sentido común, de la sensatez y de los crecientes desafectos que afloran en muchos territorios. También en el nuestro, donde la torpeza, la ausencia de respuestas y la intolerable falta de respeto del Gobierno del Estado hacia los ciudadanos de las Islas están alejando cada vez más a Canarias de España.

La falta de determinación -o en el peor de los casos, la ausencia de una visión estratégica sobre el propio Estado- está provocando el incremento de las tensiones territoriales y sociales, a lo que no ayuda la actitud huidiza del PP que o no lo quiere ver o lo ve pero se siente desbordado por los acontecimientos.

A la crisis económica que sigue golpeando a millones de familias españolas se unen ahora problemas que, insisto, no son algo que el Estado deba considerar ajeno a su agenda de tareas pendientes. Es un problema de todos.

Mientras en Cataluña se defiende el derecho a decidir, en Euskadi el presidente vasco propone celebrar una consulta en 2020 en términos similares, en algunas comunidades el mismo PP que exige a los demás sacrificios presupuestarios se permite lujos fiscales que no deben permitirse y en Canarias cada vez más elementos llevan a pensar que a corto o medio plazo la torpeza del actual Gobierno de España provocará un problema de Estado, mientras todo esto ocurre, el PP mira hacia otro lado.

La conjunción de problemas territoriales y económicos ha sido históricamente fuente de graves conflictos, pero es precisamente en momentos así cuando se mide la capacidad de políticos y gobiernos.

No me cansaré de reivindicar la colaboración institucional, de animar a que se tiendan  puentes de diálogo, de invitar a que con valentía y determinación –con equilibrios y justicia social- entre todos alumbremos nuevas ideas e impulsemos procesos que mejoren el encaje de los territorios en el Estado, que actualicen los mecanismos de convivencia y solidaridad.

Es hora de plantear reformas estructurales que también apuntan a una posible modificación de la Constitución, tal y como ha hecho el PSOE con una propuesta no debe caer en saco roto; un proceso, la más que probable reforma de la Carta Magna, que debe servir para mejorar el encaje de Canarias.

Llegamos a este momento de la Historia pisando una realidad que no se había dado en las últimas décadas. Nunca hasta ahora se habían roto los puentes de diálogo. No ocurrió con Suárez, ni con González, ni con Zapatero, ni con Aznar, en cuyo primer mandato se gestaron los grandes convenios sectoriales Estado-Canarias -que ahora el PP ha eliminado-.

El PP está a tiempo de corregir su política –o su ausencia de política- con Canarias, debe ser consciente de que dando la espalda a territorios como el nuestro él se convierte en parte del problema.

Un territorio como Canarias, con una importancia geo-estratégica creciente y llamado a ser una pieza fundamental en el despegue de los países africanos de nuestro entorno no puede ni debe sentirse irresponsable y torpemente olvidado o menospreciado por parte del Gobierno de España.

No mover nada lo agita todo. El inmovilismo y la apatía del Gobierno estatal están provocando que los asuntos de Estado desemboquen en problemas de Estado.

Conozco a Rajoy hace mucho tiempo, lo conozco bien. Juntos hemos trabajado, hace no tantos años, en un sinfín de asuntos canarios y de Estado. De ahí mi sorpresa por su actitud, y de ahí también que, a pesar de todo, crea y espero que reaccione; que reaccione y dedique a Canarias la atención que las Islas demandan y merecen.

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