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El Bar de Pepe, el Wiki Wiki. Por Joaquín Hernández

Frente mismo del Bar de Pepe se encuentra la peluquería de Manolo. Manolo es un peluquero de esos de toda la vida, de los de antes, de los que empezaron en la peluquería del amigo del padre y que harto de las gamberradas del niño y de lo poco estudioso, o mejor dicho nada, que era Manolito lo enchufo en la peluquería de caballeros para que aprendiera un oficio. Manolo aprendió el oficio barriendo las melenas de los clientes y lavando cabelleras. Eso sí, Manolo tuvo uno de los mejores profesionales de España llegado de Barcelona para transformar la historia de los salones de peluqueros anticuados, por la modernidad de los años 70.

Desde siempre me corté los cuatro pelos en la pelu de Manolo, al que acompaña Manolito, su hijo. Manolo es hombre serio y todo el barrio lo aprecia. No le doy  nunca propina porque Manolo es un amigo y a un amigo se le invita a unos vinos o cañas de cerveza, jamás se le ofende con una propina.

Así que por exigencias del guión, siempre que me toman los cuatro pelos, Me dirijo al Bar de Pepe, que con su cachondeito de siempre, me espeta; “supongo que Manolo te hará cada mes un mayor descuento, tu eres como las polizas de seguro de los coches a menos siniestro menos prima, en tu caso a menos pelo, menos trabajo de peluquería y mayor descuento”, le enseño el dedo sexual y mandándolo a tomar por culo empiezo a leer La Opinión de Tenerife. Manolo sigue rumiando con toda su mala leche que antes La Opinión le salía gratis pero hace tiempo que no la envían y el la tiene que comprar. Lo malo es que me echa a mí la culpa de la compra del periódico por mor de leer mis artículos, que cada día se ha vuelto más periódico al uso “democrático” y por lo tanto más o igual pringao que los demás de provincias o nacionales (aquí no se escapa ni el gato maúlla). Y Pepe tiene su razón, el único medio de comunicación escrito en papel de recipollas es La Opinión y del único que se esperaba algo más que un medio de los de siempre, de los pringaos, era La Opinión dirigida por mi tocayo. Supongo que el “hado madrino/a” del “Consejo Asesor” habrá opinado que más vale guardar el tipo y seguir mamando del regalito de fin de año en forma de pata negra o montblanc, que tirar por el camino de la verdad y seguir con la línea editorial que consiguió meterle en el segundo lugar de la prensa escrita más leída en la provincia. Pero así es la vida…el que nace lechón (como dice mi amigo Cesar Rodriguez Placeres) muere cochino.

En la tele de plasma, comprada a plazos en Carrefour, aparece Rajoy hablando de no sé qué historias de que si le espía o no el Obama, o bien si el Obama no sabe que espían a los de la Europa de la pera limonera, el caso es que el estúpido que nos toca aguantar en estos dos próximos años decía, con aires de Mortadelo & Filemón, que el CNI, o sea el cerebelo de Mediaset y Sálvame de Luxe, que era increíble que un país amigo…

El tipo es tan mediocre que llega a tal punto el asunto que ya ni se cree sus mentiras, que es el colmo de un mentiroso.

USA ha estado espiando desde su posición de “Policía Mundial” a todo lo que se mueve. España, país históricamente amigo de los moros de la morería, y follador, y violador de moras por los novios de la muerte, es una nación sometida al espionaje del Súper Agente 86.

Pepe ya no se cabrea cuando escucha las palabras de Rajoy, de la niña del exorcista  Sáenz de Santamaría, de la Cospedal o los cuatro muleros del PP, se descojona por prescripción facultativa. Y ahora ojo al dato…

¿Cómo podemos decir a nuestros aliados y enemigos lo que pensamos de ellos sin hacerlo directamente?

 (*)El Programa de Decepción tiene efectos positivos ante tus aliados y sobre todo ante tus enemigos. Adviertes lo que sabes de ellos, lo que piensas de cada uno de los estamentos gubernamentales de tus aliados y les indicas a tus “enemigos” hasta donde pueden llegar para no pasarse ni un ápice del mismo.

El propósito básico -se podría decir el único- de las operaciones de decepción es el logro de la sorpresa. La sorpresa es importante en los asuntos de seguridad en tres aspectos: político (o diplomático), tecnológico y militar. En el caso de la sorpresa política -«cambios fundamentales e inesperados en la dirección de la política estratégica»- el propósito del shock es diferente con respecto a otros casos. El shock es meramente un subproducto necesario del secreto.

La terminología de la Decepción se saca directamente de la del mago. Estos términos capturan en forma vívida la manera en que la seguridad operativa y la decepción operativa cuajan: Simulando -o mostrando lo falso, mediante la imitación, invención y apartando la atención de lo real; Disimulando -u ocultando lo real, mediante el encubrimiento, la alteración, y produciendo confusión con respecto a lo que en verdad es real.

Debe ser inmediatamente aparente que la creciente naturaleza tecnológica de la recopilación, el análisis y la divulgación de la información hace que la Decepción sea una socia natural de la Guerra de Información. La capacidad técnica para el disimulo nunca ha sido superior, y por lo tanto las posibilidades para la decepción se intensifican mucho.

Las posibilidades para la decepción sólo están limitadas por los límites de la imaginación humana. La manera no convencional es la clave… ¿me entienden?

Salgo del Bar de Pepe con ganas de comerme el mundo y acabo comiendo en Los Troncos una buena perdiz en escabeche…

(*) Programa de los Servicios de Contraespionaje en USA Y EUROPA.

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