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El bar de Pepe, El debate. Por Joaquín Hernández

Pepe se inventa marketing para aumentar la escuálida caja del Bar y ha introducido una especie de “debates políticos – cerveceros” al que soy invitado con alguna frecuencia, ayer en el debate, hablábamos sobre el efecto que produce la publicidad inducida al consumo más atroz para las familias. En ese sentido decía, haciendo un poco de historia, que en los años 60 el 90% de las familias españolas vivían arrendadas en un piso de cualquier ciudad española. Los españoles de los 60, 70 y buena parte de los años 80 estábamos alquilados y en algunos casos realquilados. Las viviendas con hipotecas que rozaban el 20% de interés anual estaban prohibidas para la mayoría de la población, fue entonces cuando se produjo el tema de las V.P.O. (viviendas de protección oficial) que oficiales o privadas venían a cubrir buena parte de las necesidades de viviendas en el, entonces, Estado Español.

 Para hacer la compra más atractiva se creó el BHE (Banco Hipotecario de España) y el tipo de interés de las hipotecas de esas VPO bajó al 11%, incluyendo una serie de beneficios fiscales tales como la excepción del 80 en la contribución territorial urbana (hoy IBI) entre otras.

Comprarse un piso en España pasó a estar alquilado con el Señor Paco a estarlos con el Banco Hipotecario de España, la diferencia es que ese alquiler tenía fecha de caducidad y a los 20 años se cuadruplicaba el importe de la inversión. Así fue creciendo el “parque” de viviendas “adquiridas” y el arrendador paso a ser un “apestado” sin nada “propio” donde caerse muerto. La entrada en la zona euro y la bajada de interés del dinero supuso un mayor atractivo a la compra inmobiliaria y ahí fue cuando nos tiramos desde el trampolín más alto a la piscina y, además, sin agua. Desaparecido el Banco Hipotecario de España, ante la presión de los carroñeros de siempre, la Banca y Cajas de Ahorros españolas tenían el camino libre para atracar impunemente al amparo de una Ley Hipotecaria, que data de los primeros años del siglo pasado, totalmente arbitraria y a favor de las entidades financieras, apoyado por una fuertísima campaña publicitaria empezó lo que se ha dado por llamar “burbuja inmobiliaria” cuando en realidad era la Cueva de Alí Babá y los 400.000 ladrones.

Los españoles empezamos a pensar no solo en nuestra primera vivienda, también en el apartamento en la playa o en la montaña, total todo eran facilidades. Te hipotecaban hasta el culo; coche, garaje, amueblamiento, otro coche para la mujer, etc.

Y mientras funcionaba el currito pues todos de enhorabuena pero cuando la cosa empezó a titubear y la señora se quedó en paro y empezaron a reducir horas extraordinarias lo primero fue vender al apartamento, pero ni por el resto de la hipoteca, ni regalándolo y que siguieran pagando la carga hipotecaria y los gastos de comunidad se podía vender. Nada de nada, llego el embargo del apartamento y ante la imposibilidad de la dación en pago le siguió el embargo de la nomina y… el resto lo conocemos todos.

La publicidad es un instrumento que en manos de la mafia se convierte en arma mortal para el ciudadano que, confiado y atraído por su “contundencia y veracidad de los mensajes”, no duda en adquirir aquello que no necesita. Echar la culpa a la publicidad de todo lo que ha sucedido no sería del todo justo: desahucios, suicidios, perdida de la dignidad humana, es achacable, solamente, a la casta de maleantes y mafia de políticos que “hemos elegido libremente y en uso de nuestro poder soberano”. Volvemos, nuevamente, al sistema de alquiler de vivienda, pero ya se ha encargado en Gobierno de endurecer la Ley de Arrendamientos Urbanos a favor del propietario dejando con el culo al aire al inquilino que por el impago de una sola mensualidad se verá con el desahucio exprés y el lanzamiento en menos de una semana desde el pronunciamiento de la sentencia.

Y siempre igual, la cuerda se rompe por el más débil. Con esto no quiero decir que el impago de alquileres no conlleve el desahucio pero no por una mensualidad, sobre todo porque el propietario cuenta en su poder con dos mensualidades anticipadas y el aval de dos firmas que han demostrado su solvencia y que ha depositado el inquilino. Para más cabreo del personal, se sacan de la manga el pago del Impuesto de Bienes Inmuebles a nombre del propietario del inmueble y que abona el inquilino pero que desgrava el dueño. No hay una puñetera ley que se pronuncie a favor del más débil siempre es favorable al más fuerte y es que el legislador es parte de esa trama de poderes facticos al que solo importa el dinero.

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