FIRMAS Juan Velarde

Un café a la catalana, a la gallega, a la vasca…y dos gotas de mala leche. Por Juan Velarde

Alguien en el Gobierno de España descarrila y, lo que es peor, es que va derechito a la vía muerta. La queja de un ciudadano que viajaba de Figueras a Barcelona y que, según él, no pudo tomar café porque el camarero no sabía catalán, ha provocado que un diputado de CiU en el Congreso de los Diputados registrase una propuesta, que ha sido aceptada para que a partir de ahora los camareros de Renfe tengan que aprender las lenguas cooficiales de nuestro país para atender a los pasajeros. ¿Es de locos? Completamente, pero esto es lo que hemos conseguido en esta España de las autonomías.

Es decir, lo que realmente le preocupa ahora a los responsables de la compañía ferroviaria es que los camareros no dejen sin su consumición a un viajero al que sólo le dé la gana dirigirse a los empleados del servicio de cafetería en su lengua regional. Da igual si el servicio que se preste es deficiente o no, lo que interesa es que el señor o señora que esté detrás de la barra sepa entender lo que le dicen en gallego, vasco o catalán. Insisto, en este país hemos perdido el oremus por completo.

Anda que no tiene problemas que resolver Renfe, cuestiones como la puntualidad de determinadas líneas, el mantenimiento de algunas estaciones que parecen estar enclavadas en el siglo XIX o la implantación definitiva de una red WIFI que aún falla más que una escopeta de feria, pero el objetivo ahora es que los camareros aprendan lenguas vernáculas, como si eso fuera a dar un plus de calidad al servicio que prestar Renfe a sus usuarios. Hombre, si todavía les enseñasen alemán, inglés, francés o chino aún podríamos aplaudir la medida, pero que en nuestro propio país tengamos que estar con estas chorradas de tener que aprender idiomas localistas cuando tenemos un idioma que hablan centenares de millones de personas en el mundo pues es, desde luego, un disparate.

Ya puestos, y al menos para aprovechar que ya tenemos otro capítulo de despilfarro abierto, utilicemos y aprovechemos los pinganillos del Senado, sí, esos que nos cuestan 360.000 euros al año para que un diputado de Lugo se entienda con uno de Murcia. Si el camarero no entiende al señor Jordi Estarás pedir un café a la catalana, al menos que por el pinganillo le traduzcan rápidamente y se lo sirva displicentemente (y con un par de gotas de mala leche de parte del resto de ciudadanos que estamos hasta los webs de estas actitudes provincianas y costosas).

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