FIRMAS Salvador García

El don de Susana Herrera. Por Salvador García Llanos

Tiene Susana Herrera un don, el de la sutileza, el de saber estar en cada momento, en cada situación, el de saber decir con delicadeza lo más crudo. Difícil papeleta esa en quienes ofician el protocolo, en quienes tienen a su cargo la ordenación, la colocación y, sobre todo, el respeto a las formas. Saben que hay ojos, centenares o miles de ojos observando, saben que hay cámaras por doquier, pendientes de todo, de un movimiento, de un gesto, y por lo tanto, obran con extremo cuidado, ademán positivo permanente y sonrisa predispuesta, aunque sea forzada.

Pues Susana reunía esas cualidades. Ayer puso punto final a más de tres décadas de trabajo en la Administración, ejecutado siempre con responsabilidad, fuera quien fuera su jefe. Ese don femenino le impulsaba a conocer el terreno previamente para luego moverse en él con mayor seguridad. Así fue desenvolviéndose en actos, ceremonias, celebraciones y hasta en aquellas convocatorias que parecían no requerir mayor seguimiento protocolario pero que ella se encargaba de imprimir ese aire de “cuidado, hay que hacer las cosas bien siempre”, que terminaba imponiéndose. Con el mejor resultado, claro.

Susana Herrera mereció la confianza de presidentes y cargos públicos relevantes de la Comunidad Autónoma. Cuando estaba en primera fila activa, supo hacer su trabajo con eficiencia y discreción. Estaba sin que se notara. Y cuando le tocó intramuros, cuando de cruzar despachos y papeles, lo hizo exactamente igual.

Atenta, servicial, femenina, elegante… Susana Herrera fue, además, excelente compañera. Todos se acordaban de ella y todos recurrían a ella cuando las dificultades se extremaban o surgía alguna situación que obligaba a improvisar una solución. Supo, en ese sentido, ganarse el respeto y el precio de quienes estaban a su lado. Que eran muchos.

Le dispensaron un modesto homenaje, el que ella, elegantísima para la ocasión, esperaba, lejos de fastos y oropeles. Solo habló ella, para agradecer con emoción la calidez, el cariño y los regalos que obsequiaron, entre ellos, una tableta con la que ahora, sin los agobios del día, intentará compensar el predominio de papeles que la envolvió durante décadas. Herrera, con todo el encanto, volvió a dar una lección de cómo hay que estar en cada momento. Y eso que era difícil combinar seriedad y desenfado a la vez.

Pues lo logró. Ese don… Felicidades, Susana. Que disfrutes!!

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