FIRMAS Salvador García

Autocrítica en el fracaso. Por Salvador García Llanos

“En efecto, ¿para qué sirve la prensa? ¿Debe ser un reflejo fiel de la realidad, o debe recoger y amplificar las esperanzas y sueños de la sociedad a la que sirve?”, se pregunta José Cervera en un trabajo publicado en eldiario.es, de lo mejor que hemos podido leer en la plétora analítica subsiguiente a la eliminación de Madrid en su renovado -y parece que último- intento de ser capital olímpica. Se refiere al papel social de los medios españoles, no tanto en el día de la resolución sino en la fase previa. “Pecado mortal de omisión” es el título empleado por Cervera. Un acierto para definir ese papel.

El autor llega a una conclusión: “Con escasas pero honrosas excepciones, la prensa no ha contado lo que pasaba sino lo que quería que pasara: la definición de la propaganda”. Sus argumentos ponen de relieve una de las más inquietantes derivaciones advertidas en cualquier debate sobre la evolución más reciente del periodismo y de las empresas que lo sustentan: los factores condicionantes inducen los sesgos en líneas editoriales o informativas. Aquí ha sido como jugarse a una sola mano, o quizá a una sola carta, la credibilidad. Y el de ésta, no es cualquier alambre.

De poco valieron los intentos de conquista anteriores. No ya para los propios promotores sino para una generalidad mediática que se dejó llevar por un entusiasmo irrefrenable, alimentando esperanzas o expectativas cuando se sabe lo que se cuece en las tripas del Comité Olímpico Internacional (COI). Lo leído, escuchado y visto en las vísperas y el mismo día de la resolución tiene múltiples ejemplos. La tesis de Cervera pone el acento en los contenidos informativos (de hecho los deslinda claramente del género de opinión) de cuyo procesamiento se desprende que “los medios españoles han funcionado como partidarios y no como críticos, como parte y no como analistas. Se han sumado al discurso oficial y han arrimado el hombro intentando vender un proyecto en lugar de informar sobre el mismo”.

Entre sus razonamientos, llama la atención que considere graves “los estratégicos silencios que dejaban de lado los defectos de la candidatura y las realidades de la competencia. Este cóctel torticero ha confundido a la ciudadanía haciendo que la realidad nos pillara por sorpresa”. Pero la ciudadanía tiene una memoria frágil, ese es uno de los problemas. Se aprovechan de ella. Quizá por esa misma razón algunos medios juegan a un anacrónico patrioterismo. Nadie se atrevió con un tratamiento más rigorista.

Por eso se agradece la autocrítica que comentamos. Todos sabemos que esta decisión no es exclusivamente deportiva: entran en danza otros hechos, otras presiones, otras influencias… Y si todos estos factores se asocian, de alguna manera, a la política, ocurre que el reflejo mediático se corresponde con los prejuicios, afinidades ideológicas o intereses a los que se sirve. Ahí se produce el desastre y ahí se entiende el fracaso: no fue solo el escaso acierto de ejecutivos o dirigentes políticos y empresariales sino también el de “la esencia misma de lo que es el periodismo y el papel social de los medios”, como señala José Cervera que lo desmenuza de la siguiente manera: “Si los medios se limitan a transmitir lo que ocurre sin voluntad de mejora, pueden caer en la frialdad y el desapego; si se dejan llevar por la pasión y abandonan la realidad por el activismo, dejan de ser testigos para convertirse en activistas, o peor aún, en forofos”.

Que el lector extrapole este último razonamiento a la realidad cotidiana, a la de periódicos que parecen órganos o programas radiofónicos y televisivos donde poco se informa y mucho se opina trufando a conveniencia los hechos para generar la confusión aludida hasta acercarse al abismo del rechazo o la incredulidad. De ahí la pregunta del principio, que suena tremenda: ¿Para qué sirve la prensa? Utilizando una de las expresiones del autor de este trabajo tan interesante, “lo peor no ha sido el fanatismo forofo de algunos sino el silencio de todos a la hora de hacer preguntas importantes”. Eso, que contribuyó al fracaso mediático, es lo que hay que combatir. Y nada mejor que hacerlo en tono reflexivo, autocrítico y, sobre todo, pragmático.

Nota del autor.- Terminado de redactar este artículo, brotó una suerte de excepción. El programa El Objetivo (La Sexta) ha ofrecido siquiera una aproximación a lo que costó la eliminación de Madrid en la escalada olímpica: en principio, 25 millones de euros, 11 de los cuales son fondos públicos y el resto, patrocinios privados. Más datos -obsesiva filosofía del programa- sobre el particular: el dossier para los miembros del COI rondó el millón de euros, teniendo en cuenta que hubo que encargarlo y elaborarlo cuando solo faltaban veinte días para la presentación y se añadieron a los 740 mil euros iniciales otros gastos suplementarios de encuadernación, traducción y distribución. La agencia de comunicación (discursos, preparativos de alcaldesa, reuniones…) cobró 2,3 millones de euros. La suma de los tres intentos y las infraestructuras ya realizadas asciende 8 mil 800 millones de euros.

Lo dicho: una excepción al tratamiento criticado. Merecía esta apostilla.

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