FIRMAS Marisol Ayala

Mi viejo amigo. Por Marisol Ayala

Cuando tropiezo con personajes como Adolfo Santana lo gozo porque aprendo de su entusiasmo, de su nostalgia, incluso de su desorden, de su conversación atropellada, de sus relatos minuciosos, de los mil detalles con los que quieren contar 85 años de vida en cinco horas. O menos. Siempre tengo la seguridad de que después de esa extensa charla se producirán llamadas de teléfonos para darme “algún detallito más para que te quede mejor el reportaje…”. Adolfo no es una excepción.

Me hizo varias llamadas en ese tono. “Tomás”, su nombre en la clandestinidad, mantiene intacta su ilusión por la vida y para el nada tiene más valor que la valiosa documentación del Partido Comunista de Canarias que guarda en dos o tres cuartos de su casa. En papel, claro, porque la informática no tiene espacio en su vida. “Me gusta mucho el papel…”, comentó. Le conozco hace 10 años; nos hicimos amigos cuando lo entrevisté para un serial y ya entonces me maravilló su capacidad para implicarte en sus relatos, su educación, su porte.

Adolfo Santana Santiago ... mi viejo amigo

Adolfo Santana Santiago … mi viejo amigo

Ocurrió que un día de hace dos o tres años saltó de un cajón las pautas de aquel reportaje; desde entonces me propuse localizarlo pero, cosas de la vida, pasó un día y otro y otro hasta aparca de nuevo a mí amigo en los recuerdos. Pero la vida es puñetera y con mi amigo “Tomás”, 85 años, recuerden, me tenía guardada una sorpresa. Hace unas semanas mientras firmaba ejemplares en la Feria de San Telmo y llegó alguien con mi libro en sus manos y comentó un “descuide, no tengo prisa, yo espero, que quiero hablar…”. Era él; lo recordé desde que vi sus gafas de pasta, su porte y su necesidad de darme consejo. Compró el libro, lo firmé y me advirtió que “si su libro me gusta usted y yo hablaremos para que escriba dos o tres con las historias que yo he vivido. Tengo papeles”, concluyó misterioso. ¡Y tanto que tiene papeles…! Miles. “Poco me quiere usted, Adolfo, déjeme descansar…”. Esa mañana le prometí que iría a su casa y el resultado de aquella promesa y la posterior conversación fue el reportaje publicado en Canarias7  el 30 de junio pasado.

Una deuda saldada con alguien admirable que, como bien dice, “junto a tantos otros me jugué a vida para que en España saliera el sol”. Ese es mi viejo amigo, el de ideales inalterables.

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