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Hiroku: Defensores de Gaia. Por Eduardo García Rojas

Si ves Hiroku: Defensores de Gaia (Manuel González Mauricio y Saúl Barreto, 2013) es probable que pienses que no eres un adolescente. Por mucho complejo de Peter Pan que te devore por dentro. Comprobarás así que la edad, esa palabra que sabe a ácido, pesa demasiado, que casi parece una roca que te has atado a los pies.

Veo así Hiroku: Defensores de Gaia sin pretensiones de recuperar aquel espíritu, aunque cuesta porque esta película está dirigida, precisamente, a un público comprendido en ese periodo de la vida en el que, por primera vez,  el mundo comienza a tomar sentido.

No sé, ni tampoco me importa, si con esto explico las sensaciones que me provoca Hiroku: Defensores de Gaia, aunque no deje de planear sobre mi cabeza que el filme llega tarde y que lo mejor de una película que nace con vocación de convertirse en serie sea, a mi juicio, no su animación en 3D sino la historia que ofrece.

Partiendo de esta premisa, Hiroku: Defensores de Gaia es un producto aislado, una curiosa rareza dentro del cine que se rueda en la actualidad en el archipiélago, aunque su apuesta es más ambiciosa porque tiene que hacerse mercado, dentro y fuera de estas islas.

En Hiroku ha participado un equipo reducido de personas para el estándar que exige este tipo de producciones. El equipo trabajó durante cuatro años de sangre, sudor y lágrimas para hacer posible esta producción que quiere explorar como exportar una idea de este archipiélago con imaginación. Más allá y hacia el infinito, lo que hace defender su inevitable factura de serie B dentro del actual cine de animación 3D.

Por ello y obviando su carácter de obra pionera al tratarse del primer largometraje de animación en esta técnica rodado íntegramente en Canarias, entiendo que Hiroku como historia tiene posibles. Yo al menos me quedé con las ganas de saber por donde demonios irá una película que no termina porque tiene continuará…

En cuanto a su guión, el espectador iniciado reconocerá numerosas referencias cinematográficas –desde la pareja del Gordo y el Flaco a Desafío total, Terminator y Ciudadano Kane, entre otras– y vibrará, como fue mi caso, con un inicio que rubrica una potente banda sonora del músico y compositor Raúl Capote.

Esto me hace pensar que Hiroku: Defensores de Gaia abre puertas que exigen ser exploradas y explotadas porque no camufla intenciones.

Hay buenos y malos.

Por un lado los defensores de Gaia, un grupo de hombres y mujeres, y por otro el malévolo Kane.

Un ciudadano Kane cuyo poder emana de saquear los recursos del planeta.

Los buenos, los defensores, operan desde una base de operaciones que se encuentra en las entrañas del Teide, y a este grupo se alía la tribu de  los neoguanches.

¿Hay que recordar que guanche se interpreta como los hijos de la tierra?

Con independencia de molestas lecturas nacionalistas, éste es uno de los elementos que más me atraen del primer largometraje de animación en 3D rodado en Canarias.

Me resulta curioso su discurso. También el hecho de contemplar en gran pantalla la imagen virtual de una isla cuya realidad actual pinta tan mal.

Admito que refresca mi espíritu, y que pienso, mientras observo esas escenas en las que aparecen hombres y mujeres tatuados y con palos entre las manos, en las posibilidades que ofrece desacralizar nuestro manipulado pasado para, irónicamente, reivindicarlo a modo de excéntrica y festiva bandera.

No termina sin embargo Hiroku de sacarle partido a este filón, claro que sus autores habrán calculado desarrollarlo en próximos episodios…

El puñetero continuará…

Con todo, Hiroku: Defensores de Gaia es un título que intelectualemente supone un gran paso hacia adelante en el cine que se rueda en estas tierras pero también una modesta pisada en el cine de animación en 3D  que se rueda y estrena en la actualidad en nuestro sufrido planeta.

Saludos, hacia el infinito y más allá, desde este lado del ordenador.

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