FIRMAS Juan Velarde

Raquel Sánchez Silva: un circo mediático. Por Juan Velarde

Que Raquel Sánchez Silva es una individua que no parece tener todos los tornillos perfectamente apretados en su cabeza, parece una evidencia. Que la tipa parece que tampoco esté demasiado afectada por la muerte de su marido con el que aún no llevaba casada siquiera un año, no es necesario pensarlo, basta con ver las fotos que la presentadora ha colgado en las redes sociales o como es capaz en una entrevista con Ana Rosa Quintana de patrocinar su propio dolor. Vamos, que no parece lógico que te estén entrevistando y tú, ni corta ni perezosa, le sueltes a bocajarro que agradeces todos los mensajes de condolencia y de apoyo que te han enviado a tu Sony XPERIA (y encima muestres a cámara los dichosos smartphones). De veras, me resulta frívolo y propio de una persona que, o bien no estaba enamorada de su marido o de que, todo es posible, se haya quedado muy ‘pa lla’ y muy tocada del ala.

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Sin embargo, una cosa es que Raquel Sánchez Silva muestre su cara más superficial, vacía de sentimientos hacia quien fue su marido y otra que desde Italia la familia de Mario Biondo esté montando un circo desproporcionado dando a entender que ha habido algo más. ¿El qué? ¿Qué su cuñada haya podido acabar con la vida del cámara de televisión? Es que sólo les falta decir eso para completar el cuadro de acusaciones e insinuaciones varias con las que está adornando su perfil de Facebook y Twitter la señora Emanuele.

Puedo entender a la perfección que la hermana esté dolida no sólo por el repentino y extraño fallecimiento de Mario Biondo. Nadie con treinta y pocos años está, en condiciones normales, en la lista de los llamados a irse al seno del Señor Dios Todopoderoso, pero tampoco se pueden hacer conjeturas de este estilo. ¿Para qué se amenaza entonces con ir a los tribunales de justicia? ¿Qué es lo que se busca en realidad? ¿Protagonismo? ¿Hacerse un ‘Deluxe?

A mí me da la sensación de que la familia de Mario Biondo ha visto que en España somos muy amigos de sacarle jugo al morbo y están perpetrando un montaje aprovechando, dicho sea de paso, la superficialidad de Raquel Sánchez Silva. Pero también tengo por seguro que desde el momento en que alguien ponga unas gotas de cordura, este circo que están montando desde el país transalpino se les caerá igual que se puede derribar de un simple soplido un castillo de naipes. El problema es que mientras nadie sople, la estructura se va a ir haciendo grande, demasiado grande, descomunalmente desproporcionada.

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