FIRMAS Marisol Ayala

La memoria roja. Por Marisol Ayala

Adolfo Santana tiene 85 años y guarda toda la actividad que el comunismo tuvo en Canarias entre 1964 y 1977.

Se trata de octavillas, revistas, escritos y otros documentos que quisiera dejar en manos seguras “porque es historia”

Fue responsable del aparato del Partido Comunista de España, miembro dirigente del Comité Ejecutivo de Canarias, un hombre clave en la clandestinidad del PCE. Se llama Adolfo Santana Santiago, nació en octubre del año 1927 en Arucas, tiene por tanto 85 años y una memoria envidiable. Es poseedor de centenares de documentos originales del partido, que van desde la histórica revista Mundo Obrero, pasando por octavillas realizadas de forma más rudimentaria, a Libros de Orientación del PCE, textos dirigidos a marcar pautas a los militantes. Oro molido para cualquier historiador. “En la clandestinidad yo era “Tomás” y fui exactamente Secretario de Organización y Propaganda, el que decía por dónde se tenía que lanzar las octavillas contra el régimen, el que “movía” el partido…eso”.

Adolfo Santana, en su despacho, rodeado de documentación del Partido Comunista

Adolfo Santana, en su despacho, rodeado de 
documentación del Partido Comunista

¿Por qué Adolfo Santana militó sentimentalmente en partidos de izquierda?, ¿qué le impulsó a dar ese paso siendo un chiquillo de apenas 12 años?.

“Es que el 18 de julio de 1936, lo recuerdo bien, vi en casa a mis padres, gente humilde, aterrados con el estallido de la guerra Civil Española. Mataban a la gente y se escuchan disparos, gritos, etc., así que poco a poco comencé a escuchar las barbaridades de Franco y eso fue lo que me llevó a situarme en la izquierda; primero en Canarias Libre y más tarde en el comunismo. Mire, yo tengo en la memoria el miedo de mis padres, por eso di el paso de luchar contra el régimen”.

Santana desempeñó ese cargo desde el año 1964 hasta 1977 y, como tal, tuvo acceso y guardó una documentación que forma parte de la historia del país y “de la que no quisiera desprenderme en vida, pero sí tener la tranquilidad de que el día que me muera, alguien, no sé si un organismo, una persona que merezca confianza, de fiar, que se quede con ella”. Pero no aparece ni la persona ni el organismo y Adolfo todo pasión, anda receloso de entregar su documentación si no se le garantiza un mínimo, un cuidado especial.

Adolfo con un grupo de comunistas en la Playa de Sardina del Norte; entre ellos Barranquera, Tony Gallardo y Germán Pírez

Adolfo con un grupo de comunistas en la Playa de Sardina del Norte; 
entre ellos Barranquera, Tony Gallardo y Germán Pírez

 

“Es que no me fío, por eso no se lo dejo a nadie aunque parece que hay alguien por ahí, no sé… “. Adolfo tiene tres hijos pero considera que en cierto modo sería responsabilizarles de un trabajo que, finalmente, acabaría en manos de no se sabe quién.

El lector que conozca algo del funcionamiento interno del Partido Comunista se preguntará cómo este hombre se arriesgó a guardar en su casa un tipo de documentación política que durante la dictadura de Franco suponía jugarse un tiro en la nuca. Él lo explica: “Primero hay que contar que desde que tenía 10 años he sufrido una especie de fiebre por coleccionarlo todo, tengo una importante colección de sellos, de periódicos, de libros, etc. Siempre he sido un poco hormiga, de manera que, claro, con esa pasión era muy tentador no guardar documentos del partido que yo sabía que formaban parte de la historia de este país pero, si, fui un atrevido…”.

“Me ordenaron quemar la revista “Mundo Obrero” pero no hice caso…”

Adolfo Santana fue siempre muy desobediente porque a pesar de que la norma primera de un militante comunista era entonces deshacerse de todos los documentos que pudieran levantar sospechas ante la autoridad franquista, él no lo hizo, “y era un riesgo grande incluso para mi familia”, comenta.

En Madrid con Juan Menor; un alto militante del Comité Central del PC de Paris

En Madrid con Juan Menor; un alto militante 
del Comité Central del PC de Paris

 

“Vamos a ver; a mí el partido me daba cuatro revistas de “Mundo Obrero” para distribuirlas entre los militantes, pero yo siempre me quedaba con una. Lo mismo hacía con todo lo que caía en mis manos y que tuviera relación con el PCE”. Incluso una vez se presentó en Las Palmas Juan Menor, que era el secretario del Comité Central en Madrid, y se lo dijo: “Eso”, le conminó, “tienes que quemarlo todo”. Pero Santana Santiago no hizo caso. Lo guardó mejor, quemó algunas cosillas que tenía por duplicado y siguió su rutina de coleccionar.

Hablar con Adolfo Santana es apasionante porque cada dato que aporta lo documenta y le saca una vertiente que, o la abortas, o puede alargar la charla hasta el infinito. Explica que dejó el PCE “cuando lo legalizaron en la Semana Santa de 1977; nada, reuní a los camaradas de Propaganda y lo dije, ya está. Ya no éramos clandestinos con lo cual dimos un giro que en aquel momento fue un logro histórico”.

“Mauricio ha sido el mejor político porque es retorcido y machaca sin piedad”

Por cierto, ya en esa época, los años sesenta, uno de los militantes que más despuntaba en el PC era José Carlos Mauricio, hoy fuera de la política y preparando sus memorias. “El destacaba mucho y lo digo porque así era, nada más”, opina.

Todavía hoy resulta tentador preguntarle a este histórico comunista por aquel espigado camarada y su evolución, Mauricio, cuya trayectoria política tiene luces y sombras: “Voy a ser claro, Mauricio ha sido el mejor político porque para ser bueno en ese terreno hay que ser muy retorcido y él lo es; machaca sin piedad a quien le molesta. Ahí no hay quien le gane. Yo lo vi una vez machacar a un cargo del partido de tal manera que desde ese día pensé que era mejor tenerlo como amigo. Como enemigo es muy peligroso”.

Documentado como está nadie como él sabe quién, de verdad, fue militante del PCE en la clandestinidad. “De vez en cuando”, dice, “aparece alguno diciendo que si fue del partido, que si luchó, que si se la jugó,

y entonces yo miro los apellidos y veo si es verdad o no. Tengo muchos papeles…Sólo una vez, en una entrevista di esos datos”, recuerda.

La profesión de ATS que Adolfo Santana ejerció le sirvió de coartada en tiempos de clandestinidad para trabajar por el partido sin levantar sospechas. “Es que podía entrar y salir con libertad. Así contactaba con los militantes y difundía las consignas”. Entre la documentación de la que dispone Adolfo Santana hay una carta dirigida al Gobernador Militar, de fecha 23 de noviembre de 1968. En ella, un grupo de comunistas se queja de un “hecho sin precedentes”, dice el escrito, en esta ciudad: “Hablamos”, señala el escrito, “del maltrato brutal a inermes mujeres, una acción despiadada que ha provocado estupor y asombro”. Pasó que durante un acto de protesta la policía franquista cargó contra mujeres que protestaban por la acción de los “grises” hacia sus maridos: “Solicitamos”, firmaron todos, “que se investiguen los hechos relacionados, esperando la caballerosidad que siempre adornó al ejército de Nuestra Patria”.

Para los firmantes de la denuncia “en modo alguno se justifica, sea cual sea la causa que haya hecho necesaria esa actitud, una agresión tan cruel e innoble”. Entre las personas que con valentía se enfrentaron en 1968 al Gobernador Militar figuraban quienes bajo su nombre y apellidos colocaron su profesión: “Ama de casa”.

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