FIRMAS Juan Velarde

Excesivos halagos a Rafa Nadal. Por Juan Velarde

Ocho Roland Garros, nada menos que ocho copas de los mosqueteros atesora Rafa Nadal en su vitrina de Manacor, todo un hecho sin precedentes y que deja bien a las claras que este tenista está hecho de otra pasta. Tras cerca de 9 meses sin competir al más alto nivel (y gran parte de ese período alejado incluso hasta de las competiciones menores), Nadal ha regresado a las pistas con más hambre y más voracidad que nunca y ya tiene, a estas alturas, asegurada su participación en la Copa de Maestros que se disputa por noviembre-diciembre.

Nadal es un ejemplo del sacrificio que tendríamos que seguir todos, una persona que, sin alharacas, ha vuelto a la escena deportiva. Cualquiera, en su misma situación, hubiese arrojado la toalla sin el menor género de dudas. Cuando estás en lo alto de la montaña, en la cúspide, y te echan de un empujón (aunque sea a modo de una lesión), lo lógico es ya rendirte, asumir que ya no hay posibilidad de recuperar el prestigio antaño adquirido y dar paso a una nueva generación. Pero Nadal, lejos de ese conformismo que parece haber contagiado a mucha parte del pueblo
español, es capaz de resurgir de la nada para volver a copar, como ha pasado este lunes 10 de junio de 2013 las portadas de la prensa de papel.

Sin embargo, a pesar de que para el deporte español es un logro a tener en cuenta y que se valorará mucho más con el paso del tiempo, tampoco podemos pasarnos de la raya y poner a Rafa Nadal como si fuese poco menos que la salvación de los males de España. A poco que algún medio de papel se lo hubiese propuesto, le habría encumbrado a la mismísima presidencia del Gobierno de la nación. Nadal es muy bueno, pero dejemos a los deportistas campeonar en lo suyo, que la política es demasiado compleja porque otros, obviamente, se han encargado de hacerla así para que sean pocos, muy pocos, los que entren en ella.

Aquí, lo importante es que Nadal siga siendo y luchando por ser el número uno en lo suyo, que es el tenis, seguir sumando títulos en los grandes torneos y poder ser el orgullo de nuestro deporte, pero no convirtamos a los deportistas en figuritas de mazapán, en gente de usar y tirar Normalmente, no sólo no aportan nada a la actividad política, sino que sólo sirven a las formaciones políticas para ser banderines de enganche, reclamos meramente publicitarios que, a la mínima, acaban siendo apartados y directamente conducidos al ostracismo, verbigracia Marta Domínguez.

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