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Otra vez con el Cine Víctor ¿a Dios pongo por testigo que no volveré a pasar hambre? Por Eduardo García Rojas

En los años ochenta se multiplicaron como setas en las dos capitales canarias los multicines, espacios que junto al fenómeno del vídeo, en aquel entonces muy popular, bastaron para dar el tiro de gracia a la sala tradicional, al palacio que nos prometía por el valor de una entrada un viaje a la tierra prometida.

Que es la de nunca jamás.

La aparición de las salas múltiples en Santa Cruz de Tenerife coincidió también con el tímido renacer del cine en esa década moralmente ominosa en la que por primera vez oí hablar de los yuppies, personajillos vestidos con traje y corbata, que alisaban su cabellera con litros de brillantina y ganaban dinero haciendo del arribismo una religión y cuya mayor aspiración en la vida era parecerse no a un caballero ambiguo y encantador como Cary Grant sino a Mario Conde.

La primera sala de este tipo que comenzó a funcionar en Tenerife fue el Oscar’s, y a ella le debo experiencias visuales y espirituales como Excalibur, de John Boorman; Blade Runner, de Ridley Scott, antes de que se nos volviera tonto; la decepcionante El retorno del Jedi (Richard Marquand, 1983) para los que nos habíamos quedado con la lengua fuera tras El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980) y Viaje alucinante al fondo de la mente, que para la pandilla con la que me movía en aquellos días fue algo así como el no va más…

… O la película que suscitaba encendidos debates una vez salías de la sesión, pienso ahora que originados más por la necesidad de hacernos creer que lo que habíamos visto era otra cosa y no la excéntrica tomadura de pelo que fue.

Ya saben, una película más firmada por el Baz Luhrmann de aquel tiempo, su graciosa majestad Ken Russell.

Tras el éxito de los Oscar’s, y muy próximos, el cine Greco, el fantástico cine Greco  de aquellos tiempos color sepia, terminó también claudicando a su señor Hyde transformándose en multicines; como El Price en multicines Price, hoy Renoir Price.

La fiebre por las salas múltiples se contagió también a La Laguna, donde aparecieron los multicines Aguere, hoy reconvertido en espacio socio cultural.

Parece mentira contado así, pero el fenómeno de las multisalas como sucedía en el resto del territorio nacional vivió una época de leche y miel que hoy cuesta trabajo imaginársela.

Y eso que quien les escribe fue testigo de aquel proceso. Proceso, hemos dicho, que supuso la muerte de la sala de cine tradicional.

Todo esto que explico viene a colación a propósito de una información en la que se anuncia que el Cine Víctor, situado en la plaza de La Paz de Santa Cruz de Tenerife, y sala cuya trayectoria ha resultado de existencia errática desde que los tiempos de leche y miel dejaron de manar, abrirá sus puertas dentro de un mes como sala de cine, dejando atrás su frustrada experiencia como sala de variedades.

La noticia, leída así, asombra.

O me asombra porque parece ser que se ha alcanzado un acuerdo entre los dueños del Víctor y la empresa EST ocio SL –de la que no encuentro referencias en Internet– que tiene la idea de continuar adelante para convertirla en una “sala dedicada de forma casi exclusiva a la exhibición de películas.”

Leído así parece una inocentada.

Sobre todo si atendemos a las cifras en franco descenso de público a las multisalas, algunas de las cuales se plantean incluso si ya es hora de poner el cartel de cerrado.

Muchas son las razones que explican esta recesión, qué les voy a contar a ustedes, por eso me llama poderosamente la atención leer que el contrato se firmará el viernes, 7 de junio, entre los dueños de la sala y Eladio Fraga, a quien tengo el gusto de conocer y con quien me detengo en ocasiones para hablar sobre lo divino y sobre lo humano y personaje que tiene ideas claras con respecto a la actual situación económica que vive esta isla, el archipiélago y el país del que forma, formamos, parte.

Por eso, mientras escribo, no deja de ser contradictorias las sensaciones que me asaltan.

Por un lado, celebro que se anuncie que el Cine Víctor vuelve a encender sus luces y que la exhibición de películas formará “el grueso casi exclusivo de su programación”; pero por otro es inevitable que me pregunte por la rareza que un tipo como Fraga se meta en esta empresa.

Quiero imaginar que habrá visto negocio…

Aunque ese negocio incluya una reforma profunda de la sala, bastante descuidada si uno pasa todos los días, como es mi caso, frente a su antaño palaciega entrada.

Otra cuestión es si este hipotético Víctor, que quiere volver a su papel de doctor Jekyll, ¿qué tipo de cine ofrecerá?

A Eladio Fraga lo conocí en su etapa al frente de los Oscar’s.

Un hombre con los pies sobre la tierra y con una idea muy clara del negocio.

Mide la calidad de la película según su rentabilidad en taquilla.

No le hables así de cine que solo entienden los friquis.

Los primeros multicines que operaron en la capital tinerfeña llegaron además en un momento de cambios de los que todavía nos estamos recuperando…

Por ello, que sea el mismo Eladio quien se disfrace de Rhett Butler para recuperar Tara –el Víctor– para la caprichosa, pero también abnegada Scarlata –Santa Cruz de Tenerife– me desarma. Y me sabe a curioso déjà vu.

Y pienso que con la que nos está cayendo…

Con el titánico esfuerzo con el que la mayoría estamos resistiendo…

… Pues va a resultar verdad que la esperanza nos mantiene.

 Saludos, después de todo, mañana será otro día, desde este lado del ordenador.