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Verdades sobre la reforma educativa. Por Antonio Alarcó

Una tasa de fracaso escolar muy superior a la media de la Unión Europea, que supera el 30% en algunas comunidades autónomas, y un índice de abandono temprano del 25%, evidencian que hay que dar un giro al actual sistema educativo. El modelo vigente los últimos 20 años no es el que España necesita ahora, y si en algo ha fracasado ese sistema, es sensato pensar que debemos cambiarlo.

Por ello, consideramos conveniente contar con claridad y transparencia al ciudadano los objetivos que persigue la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), una de las principales medidas del Gobierno de la Nación para que volvamos a ser un país de oportunidades, denostada irresponsablemente de forma interesada y partidista, con el fin de desprestigiar a quienes abogamos por fortalecer un sistema educativo hoy insostenible. Son, precisamente, las cinco reformas socialistas, realizadas sin consenso las que nos han conducido a esta situación.

El Gobierno pone el acento en el alumno, convencidos de que una educación de calidad es el motor que impulsará el bienestar de nuestro país y permite garantizar la igualdad y la justicia social.

El anteproyecto de ley, que ahora habrá de ser mejorado en su paso por el Congreso y el Senado, se ha elaborado a partir de las consultas y aportaciones de las comunidades autónomas, órganos colegiados, asociaciones de padres de alumnos, directores y profesores, representantes de los estudiantes, portavoces de los centros, profesionales de la educación, asociaciones, sociedades, colegios profesionales, y de los propios ciudadanos a través de un buzón con más de 30.000 sugerencias.

La reforma de nuestro modelo educativo va dirigida a procurarnos un sistema que mejore la calidad de la escuela pública, que garantice la igualdad real de oportunidades y la preparación de nuestros jóvenes, al tiempo que ponga en valor la autonomía de los centros y la figura del docente.

Con el anterior gobierno, de hecho, el gasto público lamentablemente no ha estado ligado a la mejora de la calidad, sino a gastar cuanto más, mejor. Lo decimos siempre, no es cuestión solo de dinero, pues la inversión educativa se duplicó en la última década, sino de aplicar mejor los recursos de cara a conseguir un único objetivo, la formación de ciudadanos libres y empleables.

Creemos que el proceso de enseñanza y aprendizaje debe dar un giro en la metodología y en las herramientas utilizadas. Cobran importancia las competencias clave o básicas, que combinan conocimientos, capacidades y actitudes adecuadas al contexto necesario para la realización y desarrollo de la persona, así como para la ciudadanía activa, la inclusión social y el empleo. Hemos de situar a nuestro país en el nivel que le corresponde, que no son precisamente los ratios por debajo de la media de la Unión Europea en que nos situó el modelo del PSOE, apoyado en cinco leyes educativas que nos han dejado como herencia la tasa de abandono más alta de la OCDE, un fracaso escolar del 30% y un paro juvenil superior al 50%. Después de dejar estas tasas de fracaso escolar, los zapateristas-rubalcabistas solo parecen preocupados por temas menores, como elegir entre una u otra asignatura, cuando fue precisamente el anterior gobierno socialista el que pretendió imponer líneas ideológicas determinadas en el sistema educativo, sacrificando la formación y la preparación de nuestros jóvenes.

Hay que fomentar, en fin, el esfuerzo y la motivación, mejorando el aprendizaje de asignaturas básicas e idiomas, en un sistema educativo claro y coordinado con todos los agentes implicados, con evaluación externa de resultados, mayor autonomía de los centros y programas estables y consensuados.

Esta, y no otra, es la finalidad de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, una norma que aborda con valentía y rigor los principales problemas detectados en el sistema educativo, a partir de las evaluaciones realizadas por organismos internacionales, con el fin facilitar nuestra convergencia hacia los objetivos de la Unión Europea en materia de educación, descritos en la Estrategia Europa 2020, con las que estamos firmemente comprometidos.

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